sábado, 30 de enero de 2010

Capitulo 1

Llegó a casa del instituto para encontrarse otra de las peleas que su padre y su hermana mayor compartían. No sabía el tema, pero ya podía imaginar que sería sobre lo de siempre: chicos, la factura del teléfono, quizá las notas o si podría asistir a una fiesta o no. Jane tenía diecisiete años, casi dos años más que ella, siempre fue muy guapa: alta, de pelo rubio, largo y sedoso, unos preciosos ojos azueles, y un cuerpo digno de envidiar. Eso explicaba porque su padre siempre se ponía histérico cuando hablaba de un novio, una fiesta… lo ya citado. A pesar del ruido de la puerta y el saludo, pasó inadvertida ante lo que ahora piensa unos pobres ojos mortales. Decidió subir a su habitación, dejar las cosas, ponerse cómoda y después bajar, ver si los humos se habían calmado y saludar como es debido… pero no había otra forma, ahora solo conseguiría pagar los humos en los su hermana de nuevo había puesto a su padre. Todo lo tenía estudiado, aquello, por triste que le pareciera era su rutina.
Se paró ante el espejo de cuerpo entero de su cuarto, en el que se veía una modesta chica de casi dieciséis años. Su pelo negro, sus labios gruesos y rojos, ojos de un extraño azul, un pequeño toque de morado en sus contornos. Nunca nadie dijo de esa chica parecerse su bella hermana. Ella siempre pensó de si una chica normal. Pero la gente parecía ver más, aunque eso ella no lo descubriría aun. Pensaba en si esa ropa le quedaba bien, en si alguna vez algún chico se fijaría en ella. ¡Quince años y ni un ligue! Con un suspiro, se deshizo la coleta, creando una sedosa cortina con sus largos cabellos y se encaminó hacia la planta baja, dejando atrás la imagen de una hermosa y solitaria muchacha.


Cuando bajo comprobó que efectivamente todo estaba más tranquilo. No obstante cuando llegó a la cocina encontró a su padre apoyado sobre la mesa, los codos apoyados en la mesa, las manos agarrándose el pelo…
-Hola, papá-saludó tímida.
Su padre levanto la cabeza y cuando la vio esbozo lo que podría ser una sonrisa, más bien, lo que pretendía ser una sonrisa… pues dudosamente pasaría por una desdeñosa mueca.
-Hola princesa, ¿cuándo llegaste?- su voz sonaba abatida, y era una cosa que no soportaba.
-Hace poco... os oí discutir... ¿Qué pasó?
Su padre miro hacia otro lado y le dijo que se sentara, en ese momento, entendió que aquello era más grave de lo que pensaba. Su padre comenzó a hablar.
-Cariño, no te he sido totalmente sincero… y creo que ya es el momento… quizá no lo sea, pero, si no lo es, yo estaré aquí y Jane también.-Esa declaración la asusto, conto hasta diez, muy despacio, pero eso no sirvió para tranquilizar su corazón… El silencio en el que se sumieron pareció interminable, hasta que su padre desveló lo más doloroso que había oído en su vida, su vida, una mentira.
-Hace quince años, mi hermano se presentó con un bebé en esta casa. Ese bebé eras tú. Te habían dejado ante su puerta una noche, y mi hermano tenía una enfermedad, no sabía si podría cuidarte, así que me pidió que te cuidará. Quizá te preguntes porque a mí, podríamos haberte llevado a un centro de adopción, pero una nota nos lo impidió-cuando terminó de decir estas palabras le entregó una nota, arrugada, quemada por una esquina y amarillenta. Daphne no se podía creer lo que su padre, no, su supuesto padre, le acababa de desvelar. ¿Todo una mentira? ¿De verdad? No podía ser. Lentamente se levanto, se encaminó escaleras arriba y se encerró en su cuarto, aun con la nota en la mano, sin desdoblar. Tomo su bolso, donde tenía su i-pod y su libro, y se encaminó hacia su retiro, su pequeño oasis en ese desierto de felicidad. Ni siquiera se percató de coger el abrigo, pues en ese momento ni el dolor ni el frio existían para ella. Solo un vacio aterrador… que iba dejando paso a la oscuridad.


Tras mucho andar, aun no tiene nada claro. Llega a donde siempre, a su rincón, su espacio, su refugio… pero ni las notas, ni las letras ni el arrullo del bosque logra tranquilizarla o aclararla. Y tiene frio. Mucho. El vacío ha dejado paso al terror, a mil pensamientos, a conjeturas, al pensamiento de que toda su vida ha sido una mentira… Piensa en irse a casa de una amiga. ¿Pero de quien? ¿Y preocupar a su padre? Un padre que le acaba de desvelar que siempre le ha mentido, que su vida es una sarta de mentiras… Pero no puede más. Así, que recoge sus cosas. Marca la página en la que se ha quedado en el libro, solo tres hojas más de las que había leído hace dos horas. Y con la mente no más serena vuelve por el camino de siempre hacia la casa de siempre, claro que esa casa, ya no le parece un hogar… simplemente es un lugar donde pasar la noche. Donde apoyar la cabeza sobre su mullida almohada y dejarse llevar por los sentimientos. Sentimientos que no saben toda la verdad, pues aun no ha leído aquella nota, un nota antigua, con muchos secretos… e incompleta.


Al contrario de lo que pensaba, cuando llegó a casa, descubrió que no quería estar allí, no quería hablar con John, ni con Jane. Se quedó contemplando la puerta de su casa hasta que empezó a oscurecer, entonces mando un mensaje a Mark y a Sophie, diciendo que quedaban donde siempre en treinta minutos.
Cuando llego todavía le sobraban 10 minutos. El Bloody Sound es una pequeña discoteca, está dividida en dos partes: la pista de baile y el bar, el cual tiene varias zonas a su vez. Siempre se ponían en el mismo lugar. En unos sillones al fondo, en una esquina, en la planta baja. Una pequeña escalera de caracol conducía a la planta alta, zona exclusiva para mayores de dieciséis, por ese entonces nunca lo había visitado, pero siempre pensó que por más espectacular que fuera, nunca superaría a su rincón. Se sentó a esperar, cuando sonó el timbre de su móvil. Lo tomo y leyó el mensaje.
“NO PODO IR SORRY.COSS D FAMILY ABLMOS, S MU URGNT? TQ… p.d. LOGO PODO ABLAR “
El mensaje era de Sophie. Se preguntaba si Mark podría ir. Cuando pensaba que no vendría, lo vio aparecer entre la gente. Un muchacho no muy alto, no muy musculoso, pero su mejor amigo. Un amigo que una vez le gusto, pero el corazón de Mark siempre fue de Sophie, aunque nunca se atrevía a decírselo.
-Hola guapa, ¿qué pasa?- preguntó mientras se sentaba.
-Hey. Sophie no puede venir.
Su voz sonó queda. Muy queda. Y Mark se percató enseguida de que algo grave pasaba
-Daphne, ¿Qué ha pasado?-ella no contestaba, por lo que insistió- Daph…
La camarera llegó para preguntar por las bebidas y prolongó la espera. Cuando se fue , Mark se acercó más a ella, levanto su cara pera que le mirara a los ojos.
-Sabes que puedes contármelo, ¿qué pasa?
Poco a poco, levanto unos ojos que no sabían cómo afrontar lo que se avecinaba. Tragó fuerte y se preparó para hablar.
-Es que… es que, que-giro para otro lado la cabeza, lejos del alcance de sus ojos, y en un fino silencio pronunció-soy adoptada.
Silencio. A pesar de estar rodeados de ruido, lo único de Daphne sentía era el silencio de su amigo. Giro la cabeza, muy lentamente, casi temiendo la reacción de su amigo. Pero aun no había terminado el movimiento cuando noto que unos brazos la encerraban en un cariñoso y reconfortante abrazo. Apoyó su cabeza en el pecho de él, cerró los ojos y se dejo llevar por lo reconfortante del abrazo. Así estuvieron hasta que la camarera trajo las bebidas. En ese momento se separaron. No hablaron. Mark vió en los ojos de ella que no podría entablar una conversación, así que le pasó un brazo por sus hombros mientras pasaba la noche.
Ya más tarde, después de muchas Fantas de naranja, alguna Coca-cola, decidieron ir a casa de Mark, pues Daph no quería volver a la suya.

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