Es difícil comentar nada tras esa declaración. Por lo visto, algo así como el destino, para ella ya estaba organizado. No hubiera pensado negarse a ser vampira. Al fin y al cabo, era lo que ella siempre había deseado. Pero cuando le dijo eso, cuando nombro la muerte, dejar de vivir… se paralizó totalmente. Le molestó no poder elegir. Siempre había querido ser vampiro. Pero ella tenía un ideal de vampiro que quizá no fuera el correcto. Y no tener opciones la enfurecía.
Pasaron los momentos y Daph no contestó. Jacob se dio cuenta del efecto que sus palabras habían tenido en ella, pero no se acerco. Dejó que fuera Ian quien la sacara de su ensoñación, de su mundo, de sus pensamientos, de cualquier lugar que fuera acercarse un poco a ella.
Cuando Daph por fin reaccionó, Jacob comentó:
-Creó que lo mejor será que te vayas ya a tu casa.
Daphne aun seguía un poco perdida en su mundo, pero no quería irse a su casa. Se había dado cuenta que de lo que creía saber mucho, en realidad no sabía nada. Y quería saberlo todo.
-No quiero-ambos la miraron extrañados, pero ella tenía los ojos clavados en Jacob-sigue por favor.
Tras unos segundos de indecisión que a Daphne le parecieron eternos, Jacob asintió.
-Bien, pero antes ¿merendamos? Tengo hambre. A por cierto, sí, comemos.
Y tras eso, dejó el libro de nuevo en el sillón y salió por la puerta seguido de Daph, que prácticamente se había olvidado de Ian, quien no les siguió.
Observo que la casa no era muy grande, por lo que le explicó Jacob y pudo ver ella misma, la casa tenía dos habitaciones. El salón tenía tres puertas. Una, la de la habitación en la que ella había despertado, y que era la de Ian. Otra, al lado apuesto, daba a la habitación de Jacob. La tercera era la que acababan de tomar, daba a un pasillo en el que había varias puertas. Una la del baño, otra la de la calle. Un despacho-biblioteca, y finalmente al fondo la cocina. La casa no era muy grande lo que hacía parecer que el salón y la cocina se habían equivocado de lugar. Al igual que el salón era grande la cocina también. Tenía una sud despensa, de donde sacó unas galletas de chocolate y unos bollos de crema. De la nevera cogió batido de vainilla y de un cajón, arriba a la izquierda, sacó dos vasos. Se sentó en el centro, en una segunda encimera que hacía las veces de mesa alta, con las típicas sillas también altas y modernas que siempre que las ves en la sección de hogar en los centros comerciales y piensas “¡qué chulas”, pero que no encontrarías lugar en tu casa para colocar, porque quedaría absurdamente fuera de lugar. Pero allí, parecían, más bien estaban, en su elemento. Después de observarlo, y dudar unos instantes, se sentó. Parecía tan normal…, bueno, vale, si dijeran que era un actor de Hollywood, nadie lo dudaría. Pero su apariencia, más allá de su físico, como se comportaba. Quizá sus movimientos fueran más sigilosos y elegantes que los de las personas comunes, pero parecía completamente normal. Siempre volvía al mismo punto, al mismo detalle. Mientras le contemplaba, fijándose en cada detalle, su expresión, mientras saboreaba la primera galleta, como cerró los ojos al saborear el fresco sabor de la vainilla. Siempre volvía al punto de que parecía normal, excepto por un detalle, por su estilo. Sin duda detalles, detalles que podría tener cualquier persona. Pero no era normal. Parecía tener demasiada hambre, disfrutar con cada bocado. Y todo se le antojaba raro, ¿desde cuándo se suponía que los vampiros comían? Vale, había leído suficientes libros de vampiros para haber leído más de uno en el que los chupasangre no solo se alimentaran de sangre. Bien. Esos eran libros. Y a Daph aun no le entraba en su cabecita que estuviera en la misma habitación que un hijo de la noche, enfrente de un completo y normal vampiro. Ante uno de carne y hueso.
Jake vio que estaba muy callada observándolo y aquello pareció incomodarle un poco. No el hecho de que le mirara, lo cierto es que el chico estaba acostumbrado, debía de estarlo. No, le incomodaba el escrutinio de la chica. La fascinación con la que media cada uno de sus gestos. Se percató de que había estado engullendo sin ofrecer tan siquiera una galleta a Daphne, pues al pareces al sacar dos vasos, obviamente para ambos, creyó que era suficiente invitación.
-¿No quieres?-preguntó tendiéndole las galletas, que parecían ser su predilección- hay más en la despensa, si quie…
Interrumpió la frase cuando ella tomó una galleta y distraídamente, sin apartar la vista de él, se la llevó a la boca donde mordió un pequeño pedacito. Daphne oyó como Jacob tragaba fuerte, notó como sus ojos no se quitaban de su boca mientras daba otro bocado a la deliciosa galleta, todo eso sin poder aun quitar la vista de él. De alguna manera, la fascinaba. Era un vampiro. Uno de verdad. Pero parecía alguien normal. Puede que un guapo actor, que por una conmoción cerebral había olvidado quien era y por eso estaban en la misma cocina, compartiendo un paquete de galletas y batido de vainilla.
Jacob apartó bruscamente la mirada, y cuando habló, la voz le sonó enfadada.
-¿Piensas dejar de mirarme algún día y preguntarme lo que quieras saber hoy?
Aquellas palabras la sacaron de su ensoñación, fue como un cubo de agua fría sobre su rostro. Le dolieron las palabras.
-Claro, sí.-se pensó un momento la pregunta-¿respiramos?
La miró con una ceja enarcada.
-Haces preguntas ciertamente extrañas, ¿lo sabías?-vio que ella no pensaba cambiar la pregunta. Para ella tenía completo sentido- Si respiramos. Estamos vivos. Ni siquiera es que seamos no-muertos. No resurgimos de las cenizas. Respiramos hasta nuestra última expiración. Aunque ciertamente, como tantas otras cosas, tenemos más desarrollados los pulmones y a diferencia de los humanos, aguantamos bastante más la respiración. ¿Contesta eso a tu presunta?
-Sí, gracias-contestó ella, con una máscara por cara de total indiferencia mientras comía otra galleta.
-Siguiente pregunta-pidió el inclinándose hacia atrás en su silla, su tono uniforme e indiferente a ella.
Daph no tardo en contestar, ya tenía todas las preguntas pensadas.
-Has dicho que comemos, ¿pero lo hacemos por gusto o por necesidad?
-Digamos que un poco de ambas. Por supuesto hablo únicamente por nuestra raza, en muchos otros casos no es así. No necesitamos la comida obligatoriamente, pero en caso de no tomarla, deberíamos tomar mucha más sangre de la que se suele tomar por regla general. Los nutrientes esenciales los sacamos de la sangre ajena, pero de alguna manera es como si el ingerir alimentos mantiene durante más tiempo los nutrientes que hemos obtenida de esta, más tiempo y más cantidad.
-¿Por qué especificas sangre “ajena?-esa cuestión la intrigaba, tanto como otras condiciones de la ingestión de sangre, con la cual, ahora que salía el tema a coacción, no se encontraba demasiado cómoda.
-Porque nuestra raza a diferencia de muchas otras, tiene sangre en sus venas, sangre que no se pierde, sangre que fluye. Te preguntaras entonces ¿por qué la sangre? Los que tienen la sangre parada, los que su corazón no bombea, no la necesitan para sustituir su muerta sangre, sino para, al igual que nosotros, nutrirse, pero eso parece algo que a la gente le cuesta asimilar, y piensan que por tener sangre en las venas, nos devoraríamos a nosotros mismos.
A Daph le sonaba raro que dijera “gente”, ¿a quién se refería? Pero el tema de la sangre era primordial.
-¿De…-dudo-de qué… tipo de sangre nos alimentamos?
Jacob la miró como si fuera la primera pregunta que, a su juicio, fuera sensata. Aunque siendo un vampiro, Daph pensó que esa sería considerada como la pregunta más idita de todas.
-Sangre humana-se paró, creando expectación, y observando atentamente como calaba en ella la información, aunque su todo había dejado abierta la respuesta- y de vampiro, si eres capaz de merecerla… o de robarla.
Aquello calo lentamente en Daph, sangre humana. Prefería no pensar en ese aspecto. Supuso que cuando se transformara no le parecería otra cosa sino normal. Así pues, siguió el interrogatorio.
-¿Qué reacción produce el mordisco en… la otra persona?
-¿Qué reacción piensas que provoca?
-¿Te crees capaz de contestar sin más?-cualquiera diría que el hecho de que le hablara de esa manera, con tanta naturalidad y confianza le mosqueaba.
-La reacción que el vampiro desee.
Aquella contestación intrigó a Daph.
-No te entiendo.
-No creo que sea tan difícil-contestó brusco Jacob-la reacción que el vampiro desee.
Ahora fue el turno de Daph de mosquearse.
-Perdona que no sea lo suficiente inteligente para entenderte, pero todo esto es muy confuso para mí, es surrealista. ¿Cómo te sentirías tú si hubieras vivido siempre en una pequeña ciudad, sin saber lo que en realidad era tu mundo? ¿Cómo te sentirías si en una semana descubriera que todo tú mundo es mentira? –el tono iba subiendo a medida que las mejillas de Daph se sonrojaban de rabia, aquel chico la mosqueaba de verdad y se preguntaba porque no podía ser un poco más agradable con ella, al fin y al cabo solo intentaba entender – Mira, hace apenas, cuánto, he perdido la noción del tiempo.
“Primero me entero de que mi padre no es mi padre, y que mi hermana no es mi hermana. Luego me dicen que tengo un hermano, y al final resulta que no solo tengo un hermano, sino que tengo toda una puñetera familia que parece no querer verme. Pero, espera, no te lo pierdas, que resulta que mi familia, no es una familia cualquiera, sino una de vampiros, y que yo, voy a serlo. Y resulta, que cuando pretendo entender algo, me encuentro con un gilipollas que se cree el rey, que me trata como si fuera imbécil por no entender que quiere decir, que cuando en un futuro tenga que morder a alguien para poder vivir, ese alguien va a sentir lo que yo desee.
Se quedaron mirándose fijamente y Jacob pareció entender cómo se sentía, quizá incluso se dio cuenta que se estaba comportando como un gilipollas. No se perdono por su comportamiento, cosa que a Daphne le hubiera encantado, pero su tono al continuar fue más… dulce.-Lo normal es que se experimente una reacción de éxtasis-se froto los ojos con los dedos-es difícil de explicar. El ánimo del vampiro suele intervenir. Quiero decir que si se está enfurecido lo más seguro es que le duela, a no ser que se tenga una gran fuerza de voluntad y consiga que eso no suceda, en cuyo caso lo que sentiría seria un poco de desorientación después de la mordedura, pero mientras, experimentaría una reacción muy agradable. Aunque en algunos casos, el miedo de la persona puede causar que se resista a entregar la sangre, en cuyo caso el dolor sería agónico, y el placer del vampiro mayor que ninguno.
Daphne tragó fuerte, le pareció cruel aquello.
-¿Alguna vez… as bebido de alguien en contra de su voluntad?
Jacob contestó aquello con una mirada gélida que a Daph le bastó para saber que sí. Bajó la cabeza un tanto azorada y ya no tuvo más hambre, dejo la galleta que había estado comiendo encime de la encimera y evitó la mirada de Jake. Él habló de nuevo, explicándose, a pesar de que no tenía porque hacerlo.
-Nunca de nadie que no se lo mereciera-su voz apenas un susurro.
-¿Cómo juzgas quien lo merece o quién no?
Le alzo la vista, hasta que la obligó a levantar la vista hasta sus ojos, obligándolo a encararlo ante la respuesta.
-Hay gente que no merece seguir en este mundo, que ya ha causado demasiado daño. No soy un asesino. Ninguno de los nuestro lo es. No si sus motivos son ciertos cuando sega una vida. Y te aseguro, que si pudiera, no hubiera robado ni una vida, lo mereciera o no, pues aunque el mundo con ello, perdiera un enemigo, mi conciencia gana dolor. Consigue rostro por las noches, y gritos sordos en la oscuridad. No pienses en nosotros como asesinos. Jamás. Al menos no en nuestra raza. Moralmente, cuando somos jóvenes, no somos mejores que los humanos.
-¿Y con los años?-preguntó en apenas un hilo de voz, todo su cuerpo consciente del simple roce de dos dedos en su barbilla.
-Quién es capaz de vivir cientos de años y no creerse superior. A menudo nos lo creemos. Muchas veces no lo somos. Pero cuando se viven mil años, es difícil no creerlo. De todas formas, en muchos aspectos somos humanos. Respiramos,-tomó la mano de la muchacha, y la llevo hasta su rostro, donde el aire la acarició al él exhalar un suspiro- tenemos latidos, a veces más acelerados, a veces más lentos- apoyo su mano en el pecho, donde Daph sintió los latidos acelerados del vampiro.
Era increíble, la sensación de cada latido en la mano de ella, aprisionada por la de él contra su pecho. Subió la vista que hasta ahora había estado clavada en sus manos, ahora a sus oscuros ojos. Recordó entonces lo que le había dicho Ian en el monte. Sus ojos oscuros ya, ahora no se diferenciaban iris de pupila. Y al igual que los latidos, que aun sentía acelerados en el pecho de Jacob, sus latidos se aceleraron, siguiendo el ritmo que los del vampiro. Incluso acelerándose más. Como consciente de ello, él la soltó y se recostó la silla, dejando la mano de ella caer, notando aun el palpitar de su corazón. Obviamente, había sido consciente de que su corazón se había acelerado, al fin y al cabo, era un vampiro, no debía olvidarlo. El momento había pasado.
-¿Qué más quieres saber?
Daph tardó en contestar. Los ojos de Jacob volvían a ser normales.
-¿Hay más?
Él frunció el ceño ante la pregunta.
-¿Más…vampiros?-por su cara, parecía que la estuviera llamando de nuevo imbécil.
-No, vampiros no. Seres…sobrenaturales.
-Sí.
Claro y conciso.
-¿Cómo cuales?-preguntó muy interesado Daphne.
-Nos podríamos pasar días mientras recito a todos.
Daph sonrió. Aquella noticia le pareció ciertamente fascinante. Quería saberlo TODO.
-¿Tantos?
-Dime alguno.
No se lo pensó un segundo.
-Licántropo.
Jacob rió.
-¿No podías ser un poco mas original?
Daphne también rió.
-¿Original, eh? Primero contesta y después seré original.
Jake calló para dar emoción al momento, a la chica solo le faltaba comerse las uñas.
-Claro que existen, ¿qué sería de los vampiros sin los hombres lobo?-la emoción de Daph era tal, que se la contagió a Jacob quien no podía evitar reír-Ahora, prometiste ser más original.
Ella le miró mientras la sonrisa no se borraba de su rostro y le pareció muy diferente al Jacob de apenas unos momentos antes.
-Mmm, ¿los perros negros?-preguntó vacilante.
-Oh, por Dios, ¿Qué originalidad hay en ello? Te gustan los cuadrúpedos o qué-comentó feliz.
Ella le dio un golpe en el brazo sin dejar de sonreír, y tomo otra galleta con renovada hambre.
-No son metamorfos, que yo sepa son “animales”, no tienen a un hombre en su interior.
Ambos se rieron por el comentario, pero Jacob tuvo que replicar.
-¿Metamorfos?
-Si bueno… que no se transforman-explicó ella.
-Eso ya lo sé, y se a lo que te referías, pero esa palabra no consta en mi vocabulario.
Ella le miro divertida.
-Pues deberías incluirla, a partir de ahora, forma parte de tú vocabulario.
-Si madame-contestó burlón.
-Veamos, que me dices del… ¿Kraken?-no le dio tiempo a contestar cuando ella se percató de que no había respondido a su anterior pregunta-Ey, no contestaste a la anterior.
-Existen, pero solo en Europa. Respecto al Kraken, no se puede saber con certeza, pero por lo que sé, existió.
-¿En pasado?
-En pasado- constató él.
Jake observo a una pensativa Daph mientras devoraba otra galleta, parecía inversa en sus pensamientos.
-Qué me dices de las gorgonas. ¿Medusa?
Jacob la miró con una mirada divertida.
-No tengo todas las respuestas que te gustarían-después de que la decepción calará en Daphne, se propuso hablar, pero ella ya le cortaba.
¿Y los zombis?
-Creía que querías saber sobre las gorgonas-comento, y mirándola fijamente se frotó la barbilla como si se rascara una inexistente barba-y también que ibas a ser original.
Daph entrecerró los ojos, obviamente jugaba con ella. ¿Qué tiene de malo lo tradicional? La cuestión es si existen, pensó.
-Creía que no tenias todas las respuestas-enfatizó la parte de las respuestas.
-Exacto, pero no dije que esa formara parte de esa fracción.
Ella levantó los ojos exasperada meneando la cabeza, en el fondo divertida.
-Bien, pues piensas en tal caso, callarte y contestar.
-Eso es inconcluyente señorita-comento con sorna.
-Pero estoy segura que un chico tan listo como tú me ha entendido.
La fija mirada de Jacob llegó a incomodar un poco a la joven chica. La reacción que produjo la palabra chico en él había sido ciertamente extraña.
-Hacía tiempo que no me llamaban eso.
-¿El qué? ¿Listo?-preguntó Daph intentando disminuir la tensión, aunque sin conseguirlo.
Él le dirigió una mirada gélida.
-Continuemos con tus curiosidades.
-Vale.
Siguieron hablando un buen rato, y cuando se hizo tarde, Ian la invitó a quedarse a cenar y Daph llamó de nuevo a su padre, y aunque le costó convencerle, logró que la dejara. Antes, durante y después de la cena siguieron hablando. Durante un rato Ian se unió a la conversación, pero prácticamente la llevaron todo el rato entre ella y Jacob. Por lo que el hermano se aburrió y se fue al salón.
A pesar de todo Jacob no había estado igual desde ese tonto comentario. Y a lo largo de la tarde, se maldijo más de una vez por haberlo dicho, claro que era un comentario inocente dicho con total y absoluta inocencia. Qué sabía ella que le ¿dolería? ¿molestaría? tanto. Antes de la cena, ya se había enterado de la existencia de variados personajes mitológicos, sobre todo griegos. Qué bien existían o existieron. Sabía de la existencia de licántropos y algunos similares. Durante la cena (macarrones al horno sin queso a petición de Daph), tocó la parte de espíritus de la naturaleza y supo de la existencia de elfos, ninfas, sílfides y alguno más. Durante este rato, el ambiente se relajó. Jacob volvió a ser de nuevo risueño, aunque siempre con ella, con Ian, a pesar de que eran amigos, iba mucho más de tipos duro. Graciosamente, se acordó de su primera impresión, cuando no podía describirlo sino como un hombre. Ahora pensaba lo mismo, su presencia y, a pesar de su un poco aniñada en en cuanto a las facciones, era la de un imponente hombre… o en este caso vampiro. Sin embargo, pensó que su comportamiento quizá si era un poco… ¿adolescente?Después de la cena volvieron al salón, pero esta vez fue Ian quien se sentó aparte con un libro, al ver que nos las apañábamos perfectamente sin que hiciera falta su intervención, y Jake y Daph se sentaron uno enfrente del otro en el suave sofá negro. Entonces a Daph le dio por los mutantes, y se puso a lanzar preguntas como una loca, casi sin dejar contestar a Jacob según se le ocurrían seres, y dejando a ambos vampiros impresionados por el increíble conocimiento sobrenatural de la muchacha. Preguntó sobre el Wendigo, afortunadamente extinguido (supuestamente, nunca se sabe); después pregunto por el Kelpie, del que no le supieron responder, pasó por los Bogle y el Boggart, uno inventado otro real; finalmente en esa sección se interesó por los Kitsune. Y la respuesta la dejo asombrada. Jake sonrió, con una prefecta y hermosa sonrisa que encajó perfectamente en su rostro, dejó la mirada perdida y contestó pensativo.
-Cuando quieras te presento a uno.
-¿¡En serio!?-gritó Daphne.
Risas.
-Claro, digamos que tengo uno de mascota.
Le miró completamente atónita.Cómo si eso fuera posible, pensó sarcástica. Jacob detectó en su mirada que no le creía.
-¿No me crees?-aunque ya sabía la respuesta así que no la esperó para continuar hablando-Pues lo tengo, lo encontré cuando era apenas una cría. No es exactamente como si fuera su dueño. No es un perro. Pero me tiene lealtad.
Lo miró atónita.
-¡Pero son peligrosos!-exclamó, pero al ver la mirada de Jacob repaso mentalmente la información que tenía sobre ellos; bueno, quizá no todos; así que añadió-la mayoría…
-Algunos lo son, pero este en concreto no, ni siquiera es malicioso. Es travieso y juguetón, a pesar de su edad. Pero sus trastadas jamás son viles.
Ante el tono protector del vampiro Daph decidió creerlo, y aceptar su ofrecimiento de conocerlo algún día. Le picaba demasiado la curiosidad.
-Bien en tal caso me encantaría conocerlo. ¿Cómo se llama?
-Kitsune-contestó simplemente él.
Daph frunció el entrecejo.
-Bueno, esa es la-buscó la palabra adecuada-especie. Pero tendrá un nombre.
-Kitsune-repitió Jake.
-No le has puesto nombre- más que una pregunta pareció una extrañada pregunta.
Jacob la miró desafiante.
-Sí, lo hice-titubeo- se llama Kitsune.
-Oh, vamos, eso no es un nombre decente.
-Pues mira por donde-la miró desafiante-es su nombre.
-Pero…
-Chicos-la voz de Ian cortó a Daph y atrajo sus miradas-solo es un nombre, y el nombre de su mascota, dejarlo queréis.
Lo hicieron a regañadientes y un poco avergonzados. Al menos Daphne, no paraba de compararse como una cría una y otra vez con Jake, pero es que “kitsune” no era un nombre.
-Vale, ¿qué me dices de los demonios?
Jacob le lanzó una mirada entre irónica y un “tú eres tonta”.
-Hay muchas clases de demonios.
-Es decir, que existen.
-Algunos.
Daphne pensó unos instantes.
-¿Súcubos?
Ambos gruñeron. Un sonido gutural, puro, y que le puso los pelos de puntas.
-Conociste a su hermano el otro día.
El ceño de la chica se frunció. No entendía. No caía a cuando se refería, pero entendía a qué clase de demonio insinuaban que conocía.
-¿Un íncubo? ¿Yo?
-Una fiesta, mucha música, un tipo rubito…
-Una rubia pechugona- cortó Daph al creer que ya se estaban metiendo de nuevo con Sam. Jacob la taladró con la mirada.
-Ese no es el tema.
-¿Y qué tiene que ver Sam con el tema?
Ian volvió a gruñir.
-Preguntas por los demonios de la lujuria. Yo solo te digo que no hace falta que te lo presente, sería una pérdida de tiempo, ya le conoces al fin y al cabo.
Daphne los miró con ojos desorbitados, no puede ser...
-¿Sam? ¿Un íncubo?
Asintieron y ella se quedo como en shock. Para una vez que ligaba, con además un chico guapísimo, y resultaba que no era un tío, ¡sino un íncubo! ¡Un puñetero incubo!
-¿No se suponen que esas cosas matan? ¿Qué te dejan muy cansada? ¿Agotada?
-Y eso fue lo que sucedió-replico su hermano volviendo a gruñir.
-No-negó ella- sucedió la primera vez, pero luego, en la habitación…
Se ruborizó.
-No entiendo-dijo Jacob.
-¿Qué hay que entender? La primera vez que me beso, me sentí mareada, un poco confusa, pero también podría ser por el meneo que nos metió aquí el amigo-dijo mirando a Ian-al separarnos.
Suspiró y bajo un poco el tono de voz.
-Pero después… no, para nada. No me sentí ni cansada, ni aturdida, ni sentí que él me abligada a nada, de hecho…-se paró.
-¿De hecho?-preguntaron intrigados.
-De hecho-continuó-me preguntó si de verdad quería, si quería irme.
Ian apretó los dientes. No parecía hacerle mucha gracia que besaran a su hermana.
-Da igual que dijera lo que dijera-la voz de Ian sonó un poco ronca, y cuando le miró, vio los colmillos y ojos llenos de ira-Sera mejor que no se vuelva a acercar a ti.
Al poco de eso, Ian la llevó a su casa. Él día había sido largo. Al final no se había enterado mucho sobre los vampiros, el tema primordial, pero supuso que tenía tiempo. Se metió en la cama temprano, John le dijo que Mark y Sophie la habían llamado, pero estaba demasiado cansada para contestar, y pensó que mejor hablaría mañana con ellos.
Se durmió pensando en lo de los íncubos, en Sam. Si aquel era un íncubo, era un íncubo muy amable. No solo le había ofrecido dejarla ir, sino que no se había pasado ni un pelo, cosa que muchos chicos seguramente no hubieran hecho. Se negaba a creer que fuera un íncubo, al menos un íncubo cruel y despiadado que la mataría robándola todo la energía vital.
Cuando se durmió, soñó con manos por su cuerpo, recorriéndola entera. Labios apasionados debatiéndose por el control sobre los otros. Risas y suspiros. Besos y más besos. La sensación de una garganta bajo su boca, un aroma taladrándola y prohibiéndola pensar. Colmillos cada vez más largos, sus ojos oscuros. Sed, muchísima sed. Y un ruego, BEBE… una caricia en la suave piel de aquel rubito chico. Mirar sus ojos y solo desear hundir sus colmillos, atender aquel ruego. Y el delicioso sabor de la sangre en su boca, en su paladar, caliente, tentadora. Un gemido lejano y un gruñido de su garganta. En el sueño se separo de él, se separo de Sam, pero ya no era él, no era Sam.
Despertó sobresaltada, con el sudor pegajoso en el cuerpo y una doliente sensación en la boca palpitante. Se llevó la mano a la boca, pero no había nada, se había mordido el labio mientras dormía y sentía el regusto de la sangre en la boca.
-¿Qué…?-la pregunta murió en sus labios, pero mientras intentaba volver a dormir no paraba de preguntarse: ¿Qué fue eso?