Aquella mañana al despertar, en un principio no recordaba nada. Todo estaba bien. Se quedo pensando en la cama, sin pensar en nada. Simplemente miraba fijamente a la pared. arropada hasta la barbilla agarrando su reconfortante perrito de peluche, enorme, suave. Su mente no procesaba ningún hecho, no entendía nada, no se planteaba ningún hecho acontecido o por haber. Al rato escuchó que alguien habría la puerta, pero no se molestó en ver quien.
-Dormilona arriba- dijo su hermana con voz jovial.
Después de llamarla, como Daphne no contestaba, se coló en su capo de visión y se arrodillo ante ella. La vio, con esa expresión, como perdida y estomáticamente la cara de Jane transfería preocupación.
-Daph, ¿qué pasa?- no contestaba, no hacia ningún gesto- hazme un hueco.
Practicamente la tuvo que empujar, se metió en cama con ella y así se quedaron, abrazadas al peluche de Daph, mirándose. Jane cada vez más preocupada por su hermana y Daphne poco a poco recordando todo, entendiéndolo.
-Daph, ¿qué pasó anoche? Sophie y Mark estaban muy alarmados porque no encontrabas. ¡Te fuiste sin avisar!-acusó.- Esta mañana llamaron para ver si estabas bien y en casa. Les dije que ya estabas aquí cuando llegué, pero que aun dormías. ¿Qué paso?
Daphne no sabía que contestar. Después de ,a saber cuanto tiempo, lo había procesado. Si es cierto que fue a la fiesta y que volvió sola, posiblemente todo fuera verdad. Así que tenía que afrontar el hecho de que-empecemos por lo menos complicado-: había conocido al chico más guapo del planeta, se habia "besado" más de una vez y de forma muy apasionada con un tal Sam, a quien no conocía de nada. Ian les había separado. Ian Hudson, el mismo chico que hasta hace nada no conocía y que al parecer ahora era su ¿HERMANO? Esa palabra le sonaba rara.
-Tengo...- miro a Jane, su cara ya no perdida, solo aceptaba la verdad- tengo un hermano.
-¿Qué?- la cara de Jane expresaba que no entendía nada.
-Y nunca en todos estos años, nos hemos puesto en contacto.
Daph se levanto y se fue a la ducha. No sabía que hora era ni le importaba. Solo sabía que le habían vuelto a mentir o a ocultar la verdad, lo mismo era. ¿Qué sería lo próximo? ¿Qué Jacob era el mismísimo hombre lobo de Crepúsculo?
Después de la ducha, desayunó. Mientras lo hacía su padre volvió de donde fuera que huviera ido y la vio en la cocina.
-¿Qué tal te lo pasaste anoche?
-De puta madre.
Su padre la miro sorprendido.
-¿Qué mosca te a picado?
-Lo que tu digas.
Se levantó, le dio la espalda y se encaminó a su cuarto.
-Daphne, no me des la espalda. ¿Qué te pasa?
-No lo se, dímelo tú. Por lo visto sabes más de mi vida que yo misma.
-¿Qué dices?
Pera ella ya no le hacía caso. Subió a su cuarto y cogió su libro y su i-pod, una chaqueta y se fue. Mosqueada. Aunque Jonh seguramente no sabía que tenía un hermano, al parecer mayor que ella, y muy "protector". Se fue a su nuevo claro. Mientras andaba se colocó los cascos y se limitó a intentar no pensar, al menos lo intentó. Caminó y caminó, mientras su cerebro pensaba en Ian. ¿Cuándo se habría enterado de que ella era su hermana? ¿Por qué no se lo dijo en cuanto lo supo?
Después pasó a pensar en Jacob. Parecía ser muy amigo de su hermano, esa palabra sonaba rara para ella. Jacob. Le gustaba ese nombre. Pero eso ¿qué más da? El iba por la vida "besuqueando" a rubias pechugonas. Aunque eso qué más le daba a ella. El era simplemente un desconocido muy guapo, con un cuerpo de vertigo y unos brazos en los que se sentía genial estar. Ajjj, ¿qué más te da, Daph? se reprendió.
Y luego estaba Sam. Aquel chico de pelo rubito y ojos castaños. Aquel chico que besaba tan bien. Ese que la hizo estremecerse y suspirar en la oscuridad de un cuarto con solo acariciarle la cara, rozar su cintura, besar su oreja. Mientras andaba acabó llegando al primer cruce y pensó si ir al claro de siempre o al nuevo, pero al final se decantó por el antiguo, quién sabe por qué.
Cuando llegó, se sentó como siempre hacía, en el mismo lugar y empezó a leer. Pero no era como siempre. No se concentraba, y las habituales imágenes que acudían a su mente al leer, formando la historia ahora no venían. No se relajaba, solo sentía la ira crecer en su interior. Porque la gente no la dejaba de mentir, no hacía más que descubrir que no sabia nada de su mundo, de su vida. Y eso la ponía furiosa. Cerró su libro y se quitó los auriculares. Dejó el i-pod en altavoz y puso la música a tope. Se puso de pie, desentumeció sus músculos. Respiró muy lentamente. Y empezó a bailar. Se dejó llevar por la música, con los ojos cerrados, ahora si olvidándolo todo. Solo ella, solo la música. Hasta que en un giro se mareo y callo riendo al suelo. Cuando abrió los ojos, su risa se desvaneció. Jacob la estaba observando desde la linde del claro. Y su mal humor volvió. Junto con otro sentimiento que no era capaz de identificar.
-Genial. ¿Ahora me seguís también? O no, eso ya lo hacíais anoche.
El silencio se instauró entre ambos hasta que Daphne le puso tan nerviosa que los rompió.
-¿No piensas decir nada?
Y exactamente, eso es lo que hizo él. No decir nada mientras se acercaba a ella, mirándose los dos ojos a los ojos e incrementando el nerviosismo de Daph. Cuando llegó a su lado, se detuvo y se acuclillo frente a ella, quien no se había movido de su posición en el suelo. Alargó la mano y le apartó una hoja que había quedado en su camiseta.
-No te he seguido.
-Perdona si no me lo creo- replicó tragando saliva.
-No me creas- se levantó y empezó a irse, pero la voz de ella le detuvo.
-¿Es todo lo qué vas a decir ni una explicación? Creo que me las merezco.
Mientras la música seguía sonando en su i-pod.
-Supongo que tienes razón. Pero no soy yo quien te las debe- tras esas palabras, pronunciadas apenas sin mirarla, siguió andando y no volvió la vista atrás, ni ante el "espera" de Daphne, ni ante en "gilipollas" que le gritó a su espalda.
-Creído egocéntrico-murmuro ella cuando yo no le veía entre los árboles. Solo había incrementado su ira y sus preguntas. Pensó en volver a bailar, pero no estaba por la labor. Se puso a recoger sus cosas murmurando insultos contra aquel creido. ¿Y ahora qué hacía? No le apetecía ir a casa, no quería ver a sus amigos y explicarles porque se fue antes y sin despedirse de la fiesta. No quería ver a su hermana... ni a su hermano. ¡Dios! ¡Si quería que hubiera instituto para mantenerse ocupada! Aquel idiota había echado a perder la única parte buena del día. Gracias. Pensó sarcásticamente. Puff... que idiota. Es, es... es un gilipollas, eso es lo que es. Un gilipollas muy guapo. Dijo otra voz en su cabecita por la que estomáticamente se reprendió. Muy guapo, pero un gilipollas al fin y al cabo.
Eran las siete de la tarde cuando volvió a casa. No había querido ver a nadie, hablar con nadie, pero ya no sabía que más hacer. Apenas se había llevado dinero y tenía hambre. Así que volvió a casa y por el camino recordó la misteriosa nota perdida. Tengo que encontrarla, pensó. Pero supongo que
cuando tu hija desaparece todo el día después de haber discutido contigo, ningún padre la deja ir de rositas.
-La damisela a decidido obsequiarnos con su presencia.
-No estoy de humor.
-No el que no esta de humor soy yo. ¿Dónde has estado?
-Por hay-contestó desafiante Daphne.
-Por hay. Muy bien, pues ahora tu te vas a ir "por hay"- dijo señalando la escalera- a tu cuarto.
-Tengo hambre.
-Haber venido a la hora de la comida.
Daphne se estaba mosqueando y mucho. Más que nunca. Estaba absolutamente harta de todo. Así que pasó de John, fue a la cocina y después de coger todo lo que quería se fue a su cuarto. Dejando atrás los gritos desesperados de John porque le hiciera caso y respetara su autoridad. Justo antes de meterse en su cuarto, se giró, y su rostro le dejo claro a John, que, al menos por ahora, debía callar.
Mientras seguía pasando la tarde Daph estuvo comiendo y viendo la televisión, no se concentraba ni en una cosa ni en la otra, solo comía distraida mientras observaba la pantalla del ordenador en la que se veía Gossip Girl.
Casi a las nueve, alguien llamó a la puerta y al no obtener contestación abrió, era John, que apoyado en el marco de la puerta se quedó contemplando a Daphne.
-Tienes visita.
Daph miró extrañada a su padre.
-Me sorprende que me dejes recibirla.
-Luego hablamos- tras esa sentencia dio paso a un muchacho que estaba detrás de él. Ian. OH, genial!, el que faltaba.
-¿Qué haces aquí?
-Daphne... tengo que explicarte ciertas cosas.
-No, ¿de verdad? Como por ejemplo por qué mandas a tus amiguitos que me sigan.
-¿Qué yo hago qué?-preguntó indignado.
-Aggg-gruño indignada-no lo niegues.
-No lo niego, porque ni siquiera se de lo que me hablas.
Si las miradas matasen... En fin, si las miradas matasen, un par de personas abrían muerto ese día.
-No te hagas el inocente-casi rugió.
-Yo solo te quería explicar unas cuantas cosas, pero ya veo que no estas por la labor.
-Oh, como no. El chico se va "ultrajado" por el merecido "insulto".
-De merecido nada. ¿Quieres qué te lo explique o no?
-Explicar qué.
-No me digas que no tienes ni una duda.
El silencio se estableció entre ambos, Daphne incapaz de aguantar su mirada la apartó. ¿Qué se suponía que debía decir? ¿No entiendo nada? Todo mi mundo esta patas arriba, quiso gritar, pero se contuvo, por costumbre no perdía los papeles, no entiendo nada.Una lágrima empezó a escapar, rodando por su mejilla suave delicada, todo era demasiado. Se apresuró a secarla para que Ian no la viera, pero era tarde, el ya se había acercada y la rodeaba con sus fuertes brazos. Le susurraba que estuviera tranquila, que no pasaba nada, que pronto lo entendería todo. Que todo estaría bien. Cuando se tranquilizó, él le tomó la cara con ambas manos, le seco las lágrimas con los pulgares y le dijo:
-No pasa nada, ya estoy aquí, y mañana te lo explicaré todo.
-¿Por qué no ahora?-preguntó con voz trémula.
-Porque me tengo que ir y estas demasiado cansada. Además John ya viene para echarme.
Se volvió para marcharse, tras depositar un delicado beso en su frente, pero ella le retuvo cogiéndole por la manga.
-Solo una cosa.
Ian entendió al instante cual sería la pregunta. Una mirada la detuvo de preguntar y le dio la respuesta que más necesitaba. O tal vez simplemente que más la corroía. Tenía un hermano.
sábado, 30 de enero de 2010
Capitulo 6
Para cuando llegaron la fiesta ya tenía unas considerables dimensiones. ¿Cuántos podía haber? ¿200? ¿300 jóvenes? Vale quizá exagere un poco, pero ¿qué es un relato si no hay exageración? Aquella noche sería inolvidable. Los tres lo sabían. Lo que no sabían era porque. Así que caminaron lentamente hacia la puerta, y se transportaron a lo que podía decirse un nuevo mundo. Música a tope, chicas con tacones de vértigo y faldas vertiginosamente cortas, chicos musculosos, atléticos, guapos, feos, demasiado borrachos… y alcohol. En cuanto llegaron a la fiesta habían perdido de vista a Jane. Después de la impresión Daphne propuso bailar. Estaban en una fiesta después de todo ¿no? Sophie aceptó pero a Mark no hubo quien lo convenciera. Así que le dejaron por ahí mientras se iban a bailar entre el gentío. Los modelitos elegidos para la gran noche eran, para Sophie un top granate, unos pantaloncitos cortos negros y unos botines sin mucho tacón, para Daph, una palabra de honor morado ajustado hasta la cintura, que después caía y se terminaba mitad de los muslos. También con botines, pero estos muy peculiares. Difíciles de describir. Así que dejaré que deis rienda suelta a vuestra imaginación. Mientras bailaban le pareció ver que Mark coqueteaba con una chica muy mona, y pronto perdió a Sophie de vista. Vaya, pensó, parece que me he quedado sola. Fue a beber algo, y buscando algo que no tuviera alcohol, se topó con un chico.
-Hola.
-Hola-contestó quizá un poco sonrojada.
-Nunca te había visto por aquí.
-Es que es mi primera fiesta-cuando anarcó una ceja, se arrepintió de haberlo dicho, quizá parecía muy cría, pensó por aquel entonces, así que añadió- la famosa es mi hermana mayor. Jane.
-¿Jane? ¿Tu hermana?-parecía asombrado.
-Lo sé, no nos parecemos-omitió el hecho de que de hecho no eran hermana de sangre.
-Cierto, tu eres más hermosa-la frase la estropeó el guiño que la siguió.
-Perdóname si no te creo. Mi hermana siempre fue la rubia despampanante- no dijo esa frase con rencor, simplemente como un hecho.
-Pues desde hoy, tu eres la morenaza despampanante-otro guiño. Y charla mucha charla, incluso demasiada, y demasiado cerca. Hasta que llego la pelirroja de ojos verdes y dijo:
-¿Mike? ¿Qué haces? ¿Quién es esta?- su tono rebosaba enfado.
-Esto…-comenzó a decir Daph antes de que la cortaran.
-¿Mike?-casi gritó le pelirroja, exigiendo una explicación.
-Susi, no es lo que parece.
-¿A no? ¿Y qué es? Mejor dicho, ¿qué parece?- lose, es tópico, solo os cuento lo que pasó.
-Pues…
-¡Lo sabía!- exclamo, y cogió al primero que pasaba y le metió la lengua hasta la campaniña. Hasta que el tal Mike salió del shock y los separo y con el grito de “¡gilipollas! Es mi novia.” Y le pego un puñetazo que le dejo cao, bueno, el alcohol ayudo, pero lo dejo cao. Con eso, esta vez fue él quien le dio el morreo a la tal Susi mientras Daph se alejaba de esa locura. Decidió bailar un poco más, no tenía nada mejor que hacer, se había quedado sola. Más suerte en la próxima, pensó. Mientras seguía el ritmo de la música, cerró los ojos, hasta que chocó contra alguien y los abrió. Era un chico muy mono. Ojos marrones y pelo rubito. Musculoso y alto.
-Perdón-dijo Daph, intentando hacerse oír por encima de la música.
-Nada, soy Sam
-Daph- contestó mientras seguían moviéndose al ritmo de la música.
Cada vez más cerca empezaron a hablar, poca cosa. Más bien él la colmaba de halagos, y ella reía tontamente. Nunca había sido la típica tonta de risa fácil, pero no sabía por qué, aquel día si. Y cada vez más cerca, y cada vez menos palabras. Y un roce sin querer, y un roce queriendo. Y un “ven” mientras la miraba a los ojos y le tomaba la mano, llevándola entre la multitud a saber dónde, pero no era algo que Daph pudiera razonar. Y entonces, un chico entre los dos, y el hechizo roto. La música volvió y el sentido común. ¡Qué coño hago yendo a no sé donde con un completo desconocido? ¿Y por qué nadie se tiene que meter en medio? Todo era confuso en sus pensamientos.
-¿Qué te crees que haces?-inquirió Sam con tono desafiante.
-Eso mismo me preguntaba yo sobre ti. Lárgate-ordeno.
-¿Qué? ¿Quién te crees que eres para decirme lo que tengo que hacer?
Daph notó que el tono cada vez subía más y decidió intervenir.
-Hey!!- la mordaz frase se le atascó en la garganta cuando reconoció al chico-¿Ian?
-En carne y hueso-le contesto mientras le dedicaba una sonrisa.
-Muy bien. No me importa quién seas. ¿Vienes?-le tendió de nuevo la mano. Pero Daph dudó ante la mirada de Ian, que le decía que una estupidez tomar aquella mano, que no fuera boba. No conocía a ese tío de nada, aunque tampoco al tal Ian. Pero a diferencia de Sam, Ian le inspiraba confianza. ¿Cómo rechazarle educadamente?
-Lo siento, creo que voy a buscar a mis amigos-contestó y se giró, le pareció oír un “chica lista” de parte de Ian, pero entonces algo le tomo del brazo cual garra de metal.
-¿Qué…?- la mano de Sam la tenia cogida y la a atraía hacia su cuerpo, la giró y la beso. ¡La beso! Oyó un sonido parecido a un gruñido, pero apenas lo percibió, pronto empezó a perderse en el mundo de aquel beso. No sentía nada. Solo sabía que debía pegarse a él. Nada estaba lo suficiente cerca, nada lo suficiente profundo. Incremento el beso o eso pensó, porque en cuestión de decimas de segundo que Ian tardo en separarlos y dejar inconsciente a Sam, ella pensó que había pasado siglos de eterno y delicado placer en brazos de aquel desconocido. Y se sentía débil, la piernas le temblaban e Ian la tuvo que coger para que no callera. La llevo al baño y le mojo la cara. Poco a poco, se fue despejando solo le quedo un leve pero constante dolor de cabeza. Bebió un poco de agua, y después de unos minutos en silencio aclarando sus ideas pregunto.
-¿Qué ha pasado?-no había abierto la boca él para contestar cuando otra pregunta salió disparada de los labios de ella-¿Eres de aquí?-otra pregunta-¿Por qué… por qué nos has separado? ¿Quién te manda meterte en mis asuntos?
Noto un punzante pinchazo en la cabeza y le fallaron un poco las pierna pero hay estaba de nuevo él, sujetándola.
-Tranquila. Respira hondo primero. Relájate.
-Me relajo, pero contesta-le miro desafiante.
-No soy exactamente de aquí. Os he separado porque era lo que tenía que hacer, porque, en fin, no quiero imaginar lo que le hubiera hecho a ese desgraciado si no llegas a estar delante- lo ultimo salió de sus labios en un furioso gruñido.
Daphne estaba aturdida, no entendía porque esa muestra de sobreprotección y porque seguía en sus brazos. Era una extraña sensación. Sentía deseos de apoyar la cabeza en su hombro y espera a que se le pasara el dolor de cabeza. Casi sentía que le conocía. Claro que eso era lo que él aseguraba.
-Necesito algo de beber…-le miró-y que me explique unas cuantas cosas.
-Claro. Pero paso a paso. Primero la bebida.
Un rato después estaba sentado cara a cara en un mullido sillón en una habitación en la que no deberían estar pero habían convenido la necesidad de un sitio tranquilo, pues no sabía cómo, Daph tenía la certeza de que el sabia más de lo que ella sabía, y de que pasaba más de lo que se veía. Pero ninguno sabía como empezar y a ella le dolía la cabeza. Cado poco rato alguno hacia el amago de empezar la conversación, abría la boca y… entonces la cerraba y sacudía la cabeza o miraba para otro lado, como si lo que fuera a decir fuera lo más descabellado de este mundo. Llegó un momento en el que Daph no aguantaba más y rompió el silencio.
-Me suenas- confesó.
-Ya era hora- comentó él medio con sorna.
-No te burles-se quejó- tengo una sensación muy rara e incómoda.
-¿Conmigo?-arqueo una ceja.
-No, contigo no. Con… conmigo. Es, difícil, desde el beso…-al recordarlo hubiera apostado que su cara paso a tener un matiz parecido al rojo pasión. Curiosa elección de palabras.
-Es normal teniendo en cuenta el hecho de que…-sus palabras fueron interrumpidas cuando dos chico entraron en la habitación besándose como poseso. El chico parecía tener la manos por todos los lados del cuerpo de ella, y ella centrarlos únicamente es un lugar. De improviso el fue consciente de que había compañía y se separo de la rubia, que tenía demasiado subida la ya de por sí muy corta minifalda vaquera y muy desordenada la camiseta. Ella pareció no intuir nada, y solo quiso acercarle otra vez a él, e intentar que la cogiera en sus brazos fuertes, musculosos. Y no le extrañaba porque quería eso. Moreno, de ojos casi negros, debía de ser el hombre más hermoso de este planeta y no, por desgracia no se le acorría otro término. Ian carraspeo y fue entonces cuando la rubia se percato de que había más gente y paro su desesperado intento por robar otra vez esos carnosos e inflamados labios por los besos.
-Jake, ¿Por qué no despides a tu amiguita?-sugirió Ian. Se llama Jacob, adoro ese nombre. Le pega. Es tan… ¡dios!! ¡Cállate ya!
Parecía que iba a replicar pero entonces la vio a ella y no sabía cómo, consiguió mandarla a paseo de la manera más cortes posible de forman que no saliera ni una queja de esa femenina y maquillada boca.
-Soy Jacob.
-Daphne.
-Ya bueno. ¿Y seguro que no queréis que os deje a solas?-eso fue contestado con una fulminante mirada de Ian.
-¿Cómo te encuentras?
-Bien. Con un poco de dolor aun, pero bien.
-¿Qué la pasó?-pregunto Jacob.
-Un pequeño incidente.
Daphne sentía la tentación en cada fibra de su piel de levantarse y besar a aquel desconocido. Pero no podía. Demasiada emoción en un día. Además, le había conocido cuando casi se tira a una rubia pechugona, de ninguna manera, sentenció para sí misma.
-La verdad es que me duele bastante la cabeza, voy a buscar a mis amigos para irnos. Debe de ser tarde.
-Solo es la una-comento Jacob.
-¿Perdón? Ohh-un quejumbroso quejido salió de su garganta-ya tendría que estar en casa. Hablamos.
Y salió corriendo. Solo era una escusa. Jane se aseguro de que pudieran disfrutar de la fiesta, pero ella ya había “disfrutado” bastante. El problema era si sus amigos querrían irse, cuando los dejó, más bien cuando la dejaron, parecían muy entretenidos. Y de hecho sino llega a ser por Ian ella lo estaría. Se paró en seco. Una extraña sensación le recorría entera. Sentía el impulso de meterse justo en la habitación que tenía enfrente. Solo hacía falta alargar un poco la mano. Un simple gento llevado a cabo miles de veces. Solo eso, un pequeño giro y un paso a su interior. No hacía falta nada más. Y quería, deseaba, necesitaba hacerlo. Empezó el gesto y un ruido a su espalda la detuvo. Luego una fragancia. Y el sentido común volvió solo para irse al otro extremo del pasillo, hacia la puerta de la habitación de la que intentaba huir. Se giró un poco y observo. Con la mano alargada para tomar el pomo, y la vista fija en él. Cuando empezó a bajar la mano con la intención de acercársele, una fuerza la retuvo la mano aun más cerca de la puerta. Creyó que alguien la había cogido y se giró para comprobarlo. Pero no había nada. Solo esa sensación más y más fuerte. Ahora tentadora e incitante. Abrió la puerta, entro y cerró a su espalda. Ante ella solo había oscuridad. Pero su mente no procesaba ese hecho. Se quedo de pie, esperando que pasara algo. Entonces notó un cálido aliento en la nuca, y una mano en la cintura, y delicioso beso en detrás de la oreja y una voz en la oscuridad.
-Si quieres correr, corre ya.
Pero ella no quería correr. Se giró y a pesar de la oscuridad vio la cara de Sam, sus ojos, en los que brillaba el deseo, se boca, entreabierta seductor y aterrador a la vez. Lentamente Daph subió sus brazos, lento, muy lentamente, hasta que llego al sedoso pelo de Sam Un paso, casi cuerpo contra cuerpo. Una mirada eterna mientras sus respiraciones cada vez más rápidas se mezclaban, cada vez sus rostros más cerca. Y el beso. A Daph ya no le parecía un segundón. Ya no le superaba nadie. Solo él. Mientras sus labios peleaban por bien quien tenía el control por los otros. Mientras él la tomaba la cintura, y la acercaba un poco más. Mientras ella enredaba una mano en sus cabellos, cerraba los ojos, y dejaba la otra mano en su fuerte hombro. No era como antes. No era el beso posesivo que la dejó mareada, confusa y tambaleante. Este era un beso incitante, que no disminuía sus sentidos, sino que acentuaba cada uno. Notando en su piel cada caricia de sus manos en su cuello, en su cintura, en su rostro. Su olor, delicado y varonil. El sabor de sus besos y el sonido de los sonidos de los suspiros de ambos. Lo que ella pensó horas, fueron unos escasos minutos, hasta que alguien entro en la habitación y lo alejo de ella brutalmente, mientras otra persona la sostenía para que no callera. Encendieron las luces, que a sus ojos acostumbrados a la oscuridad les hirieron. No podía reaccionar, ahora si se sentía lánguida.
-Aléjate de ella- ordenó amenazante una voz. Cuando los ojos sus ojos se acostumbraron comprobó que la voz era de Ian, y que Jake la sujetaba.
-Deja de decirme lo que tengo que hacer, no eres quien-poco a poco Daphne fue consciente de todo lo que había pasado. Había sabido todo el rato quien era él. Pero no entendía nada. ¿Por qué no paraban de separarla de él?
-¿No crees que soy yo la que decide si quiere que se aleje o no?- inquirió Daph soltándose de Jacob tambaleante.
-Si estuvieras en condiciones no te plantearías la idea porque le habrías dado largas en cuento le viste.
-No te pases, porque no le he hecho nada.
-Os hemos visto- intervino Jacob con tono tajante y fiereza-no te vuelvas a acercar a ella.
Daph se sintió un poco avergonzada de que la hubieran visto besarse así con prácticamente todo un desconocido.
-Solo nos besábamos- casi grito Daphne, la mejillas rojas de rabia y aun un poco sonrojadas de los besos.
-Eso era más que un beso, y más de lo que supones-repuso Ian- aléjate de él.
-¿Y tu quien te crees para decirme que tengo que hacer o no?
La habitación se sumió en silencio. La intensa mirada de repente le pareció un reflejo de la misma. Y Sam sentenció:
-Tu hermano.
-Imposible- Daph se negaba a aceptar esa locura. Pero no hubo una negativa de Ian, solo silencio. Absoluto silencio. Lentamente se arregló, salió por la puerta sin mirar a nadie. Y ninguno la detuvo Sintiéndose más sola que nunca, muda de asombro y gritando en su cabeza que todo era una mentira. Pero una pequeña parte de ella había visto reconocimiento en eso ojos verdes. En la expresión de exasperación cuando pregunto con tanta impertinencia de tan mal humor quien se creía. Había notado las ganas que tenía él de gritar algo, supuso, la verdad. Y la mirada asesina cuando Sam dijo aquello, cuando evito mirarla.
Llego a su casa subió a su cuarto y cerró la puerta tras ella. Se quito el vestido y los tacones y se metió en la cama cogiendo un suave peluche para abrazarse a él. Mientras el sueño la vencía rápidamente pensó en que no se había despedido de sus amigos. Que quizá se preocuparían por ella. Pero se durmió. Y en sus sueños vio un apasionado beso, un desgarrador dolor y una petrificante verdad que aun no se atrevía a reconocer. Era infundado y sin pruebas… claro que qué más daba reconocerlo en un sueño. Pensándolo bien, mañana despertaría y descubriría que nunca había conocido a Ian Hudson, Jacob no a Sam, que no había vivido el beso más apasionado de su vida ni que todo eso había pasado. Tampoco era adoptada. Claro que todo eso lo pensó en un sueño y por la mañana uno siempre se despierta. Al fin y al cabo, los sueños nunca dejan de ser sueños ¿no?
Capitulo 5
Los días de esa semana pasaron. Ya era viernes y al día siguiente sería la fiesta. Estaba ansiosa y nerviosa. No había escrito ni una frase sobre el trabajo de lengua. No había estudiado nada en general. Su mente tenía una especie de bloqueo y no podía pensar en esas cosas. Le parecían demasiado triviales. Se había pasado la semana yendo y viniendo de su nuevo descubrimiento. Por curioso que parezca, se sentía mejor en el campo entre aquellos árboles, escuchando el ruido del agua, la cascada, que en casa o en la ciudad. Y aquel misterioso desconocido no le había vuelto a hablar. Se puso a pensar en todo lo que había pensado. Cuando empezó la semana todo era distinto. Iba a otro rincón del bosque, su padre era su padre, y en ese momento decidió que quería saber quien eran sus padres si tenía más familia aparte de John y Jane, aunque ellos siempre serian su familia. La nota, pensó, ¿dónde la abre metido? John dijo que eso evitó que acabara en un centro de adopción. Dirá algo importante. Se puso a buscar por todas partes. En los libros que había leído últimamente. En lo cuadernos. En la chaqueta que llevo aquel día. Y cuando esta apunto de desesperar, oyó el pitido de una nueva conversación. Se acercó el ordenador y miró quien era: Ian. Clic. Abre la conversación.
IAN: HOLAYO: TE DESCONECTASTE SIN MAS…
IAN: SI, LO SIENTO TUVE Q IRM
YO: ME DEJAST INTRIGADA YO NO T RECURDO… PERO TU PARECES CONOCERM
IAN: SABES… ME ABIAN DIXO MUSAS COSAS, PERO NUNCA Q SE M OLVIDARA TAN FACILMNT
YO: JAJAJA NO TE LO TOMES A MAL… PERO NO RECUERDO NINGUNOS OJOS VERDES.
IAN: PUES EMPECEMOS DE NUEVO
YO: ¿?
IAN: =) LE GUSTARIA CONOCEME MADAME?
YO: NO ESTOY MUY SEGURA… ULTIMNT MI VIDA ES UN CAOS Y NO SE SI QUIERO AÑADIR OTRA INTERROGANT A MI VIDA… HABLAR CN UN DESCONOCIDO…
IAN: PIENSA Q SI YA TIENES BASTANTES INTERROGANTES… PARA QUE AÑADIR LA DE AQUEL DESCONOCIDO? MEJOR LE CONOCEMOS y NOS QUITAMOS EL “DESCONOCIDO”
YO: LA GENTE MIENTE X INTERNET
IAN: O ES MAS SINCERA… TIENEN MENOS Q PERDER.
……………………………………19:32……………………………………
YO: DAM ALGUN MOTIVO POR EL Q SEGUIR ESTA CONVERSACION…
IAN: SERE EL MOTIVO Q TU QUIERAS
YO: EXTRAÑA RESPUESTA
IAN: DICHA X UNA EXTRAÑA PERSONA
YO: PRENTENDES ALENTARME?
IAN: LO EXTRAÑO NO TIENE XQ SER MALO
¿Qué respuesta le doy a eso? ¿Quiero conocerle? La verdad es que me intriga pero… mientras los pensamientos se cruzaban en su cabeza en el otro punto de la conversación, un apuesto muchacho esperaba una respuesta… Y entonces llegó, sin tiempo para replica ni discusión, porque nada más enviar, Daph se desconectó.
YO: ULTIMAMNT MI VIDA ESTA PATAS ARRIBA, Y LA VERDAD Q NO SE XQ ME COMPLICO CON ESTO, PERO X + Q ME GUSTARIA CERRAR LA CONVERSACIÓN ME INTRIGAS. QUIERES Q NOS CONOZCAMOS? MESIE, LE DOY LA OPORTUNIDAD.
No estaba segura de lo que había hecho. Pero tenía otras cosas de las que preocuparse. Sophie iba a ir a dormir aquella noche a su casa, y lo tenía que preparar todo. Música, listo. Comida, ahora la traigo que si no la bebida se calienta. A ver qué mas… Mientras pensaba y lo preparaba todo el tiempo pasó. Y pronto llegó Sophie. Subieron la comida. Todo tipo de guarirías. Panchitos, doritos, patatas y la cena. Helado, chuches, la lista continuaba. Después del atracón, mientras veían “Street dance 2”, llamaron a Mark, quien furtivamente quince minutos después se colaba por la ventana.
-Gracias por invitarme a la cena- comento al ver los restos del festín.
-Lo habríamos hecho pero eso hubiera hecho que te aguantáramos toda la noche- y entonces risas. Y golpes cariñosos. Y guerra de almohadas. Aquel trió, los tres mosqueteros (un tópico lo sé), nunca considero raro que un chico estuviera integrado en una guerra de almohadas. Solo lo veían más divertido. Y después de más risas, golpes, pidieron tregua. Y jadeantes se pudieron a hablar.
-El otro día descubrí un nuevo lugar- comentó Daph.
-¿Dónde?-pregunto Mark.
-¿Cómo es?- pregunto Sophie al mismo tiempo. Lo q costó q se miraran entre si y se rieran todos.
-En el bosque. Es un claro precios. Mágico. ¡Es alucinante! Como un sueño. Tiene una cascada, rodeado de bosque y montaña. Se forma un lago. Da la impresión de que un licántropo aúlle a la luna y un hijo de la noche salga de la espesura. Que una sirena nada en el…
-Ay nuestra imaginativa Daph- la cortó Sophie-podrías escribir un libro sobre ese claro. Nada tan maravilloso podría estar en este planeta. Al menos no en este lugar.
-Mira que eres cínica. ¿Recuérdame por qué la quiero?- dijo a Mark.
- Porque doña cínica te apunto con una navaja hasta que se te metió en el corazón y ya no la pudiste olvidar- risas por parte de ambos. No de Sophie.
-Perdonad, pero no soy cínica si no realista. Y no tengo que apuntar con nada a nadie para “meterme en su corazoncito” jum.
-¿JUM?- preguntaron Daph y Mark a la vez.
- Sí, jum. Es mi nueva expresión. ¡JUM!!!
-Pobrecita.
-Tanta chuchería le ha afectado.
-No me ha afectado nada. Digo jum si quiero. JUM
-JUM
-JUM.
De repente el “jum” se convirtió en la palabra más usada la de noche. Jum por aquello, jum por lo otro. Para ellos tenía el valor de una nueva anécdota en una bonita noche. El valor de la loca mente de su amiga, con una sola palabra había convertido la noche en algo inolvidable. Y pensareis: ¿Jum? ¿Eso qué es? Pues aunque no lo parezca, es algo que cuando lo oí por primera vez no lo pude olvidar.JUM.
La noche avanzaba y la velada terminó. Mark se tuvo que ir y fue entonces cuando las chicas se quedaron solas y empezó el cotilleo. Las tres y media de la mañana. Se conectaron al ordenador. ¿Quién estaría conectado a esas horas? También se conectaron al tuenti de Daph. PETICIÓN DE AMISTAD. Veamos quién es. Ian Hudson. ¿sería el mismo del chat? Bueno quizá así lo recuerde. Él dice que nos conocemos. Veamos como es. Clic.
En la pantalla apareció su tuenti. En la foto principal no se le veía bien. Había más de un chico y no sabía cuál sería él. Pero antes de mirar las fotos quiso saber un poco de él. Primero miró su estado.
JUM!! Si dices si, diré no… pues vivimos lo mismo completamente diferente.
Aquello debía ser una broma…
-¿Quién es?- pregunto Sophie.
-Ahh. Uno que dice que nos conocimos en verano, pero no le recuerdo.
-Umm… Un desconocido que grita JUM. Veamos sus fotos, quizá así lo recuerdes.
Clic. Primera foto. Y qué foto. Un chico guapísimo, alto, moreno ojos verdes… Daph se pregunto cómo no lo podía recordar. Era guapísimo. Parecía que desafiaba a todo en cada paso. Cada foto era distinta. No había muchas, pero cada una transmitía cosas. Coraje. Rebeldía. Estilo. Personalidad. Y a pesar de todo no lo recordaba.
-Wuau-comento Sophie- por favor, dime que lo recuerdas y que me lo presentas. Dime que no vive lejos. Por faaa…
Miró a su amiga divertida y contestó:
-No tengo la menor idea de quién es. Pero lo voy a descubrir. Cotilleemos un poco.
Y ven sus comentarios, sus amigos, sus gustos, sus aficiones, su música preferida, sus libros, las películas que repetiría una y otra vez. Y se da cuenta de que realmente tienen cosas en común. Parece que le gusta leer. Tiene de todo. Desde clásicos come Hamlet, Shakespeare a la actualidad de Crepúsculo. Stephen King… Una lista muy larga. Música… esa lista si era interminable. Rap, Hip-Hop, Reaggi, Blues, Clasica, Rock…
Después de casi una hora viendo su prefil, fotos videos, leyendo el tablón… lo acepta. Y se acuestan, con música de fondo se ponen a hablar. Hablan sobre las notas, sobre algún libro. Mucha música, nuevos discos, nuevas canciones. Y entonces salió Mark.
-Oye… ¿A Mark no le gusta nadie?-preguntó Sophie
-Ah, no sé. Pregúntale.
-¡No!
-¿Por qué? Somos amigos –se incorporó sobre un codo para mirar a su amiga- ni que no hubiera confianza. Seguro que te lo diría.
Solo contestó el silencio. Los minutos pasaron hasta que muy bajo Sophie contestó algo así como “es que quizá no podría soportar la verdad en sus ojos”. Fue un murmullo, incluso Daph se preguntó si lo había soñado, si lo había imaginado. No contestó. No sabía que decir. Cómo interpretar aquello. Así que calló. Y lentamente se durmió, pensando en lo bello que sería que lo que su amiga temiera fuera el amor de su amigo hacía otra que no fuera ella.
Delicados rayos de luz manaban de la luna bañando su rostro. Cabellos negros cuan azabache, ojos esmeralda, labios rojos, casi como sangre. No sabía que me atraía tanto, pero sentía ganas de caminar hacia él. Sentarme a su lado. Contemplar sus facciones. Y saber de él. Sentía cercanía hacia aquel desconocido. Como si nos conociéramos de siempre. Como… era extraño definir cómo. Mi pulso se aceleró ante la idea de hablar con él. Quería saber todo. Su presente su pasado, su futuro. Sentía… sentía que él me conocía. Que sabía quién era. Que me lo diría. Miré alrededor. Estábamos en mi claro. Bordeado de bosque. La cascada al fondo. El lago a un lado… le volví a mirar y escuché una melodiosa voz que decía “no por parecer imposible algo lo es. Tú y yo somos iguales, pero completamente diferentes.” Poco a poco, todo se fue difuminando. Parecía como cómo si hubieran echado agua a un cuadro de acuarelas. Todo difuso, menos yo, menos él. Y de repente, ni siquiera él. Empecé a verlos como si estuviera tras una cascada, incluso la oía, ese arrullo lejano. Y entonces… despertó.
Al despertar se quedó mirando el techo. Casi había amanecido y la luz se filtraba por las ventanas. Una luz escasa, preciosa y digna de capturar. Se levantó y observó la combinación de matices. Rosas, naranjas. Inmortalicemos esta mañana, pensó. Tomó la cámara, enfocó, clic. Foto. Bella. Efímera. Como la paz que había encontrado en su sueño. Era como si le conociera. Como si fueran iguales. Iguales pero completamente diferentes. Era así como se sentía. Pero eso lo he sacado de su estado, no del sueño, pensó. Clic. Otra foto. Frustrada con sus pensamientos dejó la cámara. Tras unos segundos decidió pasarlas al ordenador. Mientras lo encendía tubo cuidado de no despertar a su amiga. Se acordó de la conversación de la noche pasada. ¿Debía contárselo a Mark? O quizá fuera injusto para Sophie. ¿Qué debía hacer? Esa pregunta se repetía una y otra vez en su cabeza. Mientras el ordenador se encendió y descargó las fotos. Se pasó contemplando las fotos un buen rato. Le habían fascinado. Después de ducharse y vestirse Sophie se despertó. Quedó asombrada de que su amiga ya estuviera vestida. Lo primero que dijo fue:
-¿Quién eres tú y qué le has hacho a mi amiga?- con la cantarina risa de Daph perdiéndose ya por la puerta Sophie se levantó, se duchó y se vistió.
Al bajar se encontró a Daphne, Jane y Mark desayunando. Y cuando Daph la miró vio q se estaba arreglando el pelo mojado y mirándose en el espejo de la entrada al lado de la cocina. Después de desayunar salieron a comprar los últimos detalles para la gran fiesta. Lo tenían todo pensado, pero faltaban detalles de maquillaje. Y quien iba a llevar las bolsas sino Mark. Según pasaba la mañana hubo más de un “y antes creían que sabían lo que eran las torturas”. Pero en realidad todos sabían que no prefería estar en ningún otro lugar. A la hora de la comida ya habían comprado todo y se sentaron a comer, después de haber pedido se pusieron hablar.
-Y bien, ¿te has acordado de quien era el bombón?-preguntó Sophie. En cuanto esas palabras salieron de la boca de su amiga Daph deseó matarla. Y como no, Mark instantáneamente la miró y preguntó.
-¿Qué bombón?¿Qué me perdí?
-No te perdiste nada. Y tú deja de decir eso, tampoco es para tanto.
-¿Qué no es para tanto?- la voz le salió casi tan alta un grito y sus ojos parecían salírsele de las cuencas- ¡Si está como un tren!
-¿Me queréis decir quien esta como un tren?- Daph se preguntaba de que tenía más esa pregunta, de celos o irritación por no saber de lo que hablaban.
-Un admirador de Daph. ¿Te molesta?
-¿Por qué me iba a molestar?- pregunto Mark mirando a Sophie mientras a su vez Daphne replicaba.
-No es un admirador- eso le costó un “¿y qué más?” de Sophie y qué le contara a Mark todo lo que sabía de Ian. Al terminar sentenció.
-Es un admirador-ante la mirada de Daph, entre ultrajada y molesta añadió- o quizá le caíste tan bien que te quiere conocer mejor.
-Sois insoportables.
Tras esa sentencia terminaron de comer sin mucha charla. Creo que todos decidieron omitir la pregunta de Sophie. Aunque estaba claro que ambos habían parecidos celosos. Después Mark volvió a su casa, y Sophie y Daph a la de esta última. Quedaron que Mark las recogería con el coche de su padre. Así que todos se prepararon. Vestirse maquillarse, peinarse, mirarse al espejo y la típica pregunta “¿Qué tal estoy?”
Así que partieron hacia la fiesta. Dispuestos a conquistar. Claro que, ¿deslumbrar sobre qué? Y… ¿a quién?
Capitulo 4
Un día más se iluminaba en un lento amanecer. La chica de esta historia se despertaba después de una noche en la que extraños sueños habían ocupado su cabeza. Su nuevo descubrimiento. Pero había algo más. Más que aquella imaginaria sirena. Más que los duendes, que el unicornio, que el dragón. Un muchacho. El muchacho que deseó contemplar. Noche, luna, secretos. Y un fugaz beso y un tierno abrazo. Ojos diciendo la verdad. La eternidad. Un pinchazo en el cuello y luego… el despertador. ¿Qué más da? Solo un sueño. Tarde o temprano se despierta de todos ellos, pensó. Después de vestirse bajó a desayunar y se encontró con su hermana.
-Hola
-Hola. Voy para el instituto. ¿Quieres que te lleve?
-Sí, claro- contestó Daphne sorprendida de que no hubiera comentado nada sobre el “tema”.
Después de desayunar se metieron en el coche de Jane. La mitad del trayecto fue bastante tranquilo, ambas calladas, en un silencio no muy incomodo, cubierto por la música que salía de la radio. Después… bueno, después, las palabras brotaron, los temas cambiaron.
-¿Qué tal estas?
-Bien –su hermana la miró en plan “a mí no me engañas”- ¿qué? Va enserio. Estoy bien. No más feliz que una perdiz… pero que se le va a hacer.
-Pues… yo había pensado levantar el ánimo de mi hermanita llevándola a una fiesta en casa de Kyle el viernes por la noche, pero si ya está bien, no hará falta.
-¡Jane! – su voz ahora sí que tenía un matiz de felicidad. Ir a una fiesta en casa de Kyle!! Su hermana no podía dejarla sin ir ahora que se lo había dicho.- Estoy fatal. Muy deprimida. Estoy pensando seriamente tirarme por un puente. Pero… quizá, solo quizá, eso me levante la moral.
-Si es solo quizá…
-¡Jane! Para ya. Me levantará mucho la moral. Estaré muy feliz. Y tú serás la mejor hermana de este planeta- un poco de peloteo en estos casos, no viene mal.
Cuando llegaron al instituto la avalancha de amigos de Jane la sepultó, así que Daphne huyó disimuladamente en busca de sus amigos para contarles la novedad, pero no le dio tiempo, pues no los encontró. Así que tuvo que ir a clase de literatura. Donde les mandaron como deberes hacer una poesía sobre un tema libre o bien una prosa. No había límites, solo el mínimo de dos hojas en prosa y más de cuatro versos en el poema. Podría citar cada uno de los deberes que la pusieron aquel día. Pero lo único que tiene relevancia para esta historia es la obligación que la impusieron de hacer aquella invención.
Riiinngg! La campana marcó el descansó para los alumnos de la continua charla de los profesores, y el de los profesores del continuo no parar de pedir silencio a sus alumnos. Pero todo a eso a ella le daba igual. Quería ver a sus amigos, decirles que asistiría a la fiesta del año. Y sobre todo, quería saber si ellos asistirían. Cuando los encontró hablando, felices ambos, pensó en que pasaría si Mark le dijera la verdad a Sophie, y luego pensó, ¿Qué más dará? Algún día lo hará, y ese día espero que sean muy felices los dos. Feliz se acercó a ellos.
-Hola chicos… ¿A qué no sabéis quien va a ir a la fiesta más impresionante del año?
-NO! Que morro tienes… Si tú vas, yo también-contestó Sophie mientras se reia y la abrazaba, contenta de verla tan feliz.
-La verdad no tenía pensado ir… pero si vosotras vais yo no seré menos.
-Bien entonces todo decidido-declaró Sophie- ¿Tarde de compras?
-Aja. Arrasaremos.
Y con esto se fueron a las gradas del campo de futbol. Mientras una se tomaba su zumo y la otra su barrita de cereales, otro las hacía reír, hasta que una broma infortunada hacía que se ganara un golpe en el brazo. Y cuando casi no quedaba nada para que tocara el timbre, Mark tuvo el oportuno don de decir “¿Y si os acompaño de compras? No es que me apetezca, pero así disfruto de unas buenas vistas. Tranquilas chicas no me refería a vosotras” y con un “eh!” departe de ambas, salen corriendo detrás de su amigo. Ese que desearía ser más para una de ellas. Detrás de ese, que saben de sobra que solo hacia una broma, pero que no pueden evitar seguirle el juego. Y riendo, corriendo, con el pelo alborotado, entran en clase justo antes que el profesor, ahorrándose el sermón. Y después de otras tres clases, salen del instituto, un día más. Solo para dejar las mochilas en el coche de Jane y coger un autobús hacia el centro comercial. Comen, ríen y compran los modelitos que se pondrán en la fiesta que no abandona su cabeza. Los tres justos, preparándose para una fiesta que solo una de ellos, tiene la certeza de poder asistir. Pero eso, ¿qué más da? Siempre existe la ventana.
Ya por la noche, Daphne estaba frente al ordenador, intentando hacer el trebajo de literatura. Ni siquiera sabe si escribirá una poesía o un texto, no sabe de que ira. Y entonces tiene una idea. Abre un documento Word y se pone a escribir.
Otro día más aquí, frente a mi ordenador. ¿Qué hago? Me pregunto si todo el mundo se preguntará lo mismo…
Dios, ¿qué idea es esa?, piensa. Y lo borra. Y vuelve a pensar. ¿Vampiros? No muy visto, y desecha la idea. ¿Fantasmas? No me llaman la atención. Y otra idea descartada. ¿Hadas? Ni siquiera se da un motivo, idea descartada. Y entonces piensa: la fantasía que hay en el mundo atreves de una chica soñadora. Pero no la convence. La verdad de que hay en la fantasía, atreves un chico… de un ¿vampiro? No eso ya lo descarte… ¿un hombre lobo? Tampoco. Y así sigue un rato hasta que sus pensamientos son interrumpidos por el sonido de una conversación del chat. Ian, ¿desde cuando conozco a algún Ian? En fin… comprobémoslo. Y con un “clik” abre la conversación
IAN: HOLA!!!
YO: OLA… QUIEN ERES? o.Ô
IAN:NO ME RECUERDAS?
YO: DEBERÍA?
IAN: YO DIRIA QUE SÍ. ESTE VERANO, EN LA PLAYA… RECUERDAS?
YO:MMM …
IAN: TE REFRESCO LA MEMORIA?
YO: MEJOR :$
IAN: ALTO, MORENO, OJOS VERDES, COMO ABRAS SUPUESTO ME LLAMO IAN Y NOS CONOCIMOS EN LA PLAYA ESTE VERANO.
YO: NO SERIA MI HERMANA A LA QUE CONOCISTE?? o.Ô
IAN: SI ESTOY HABLANDO CON LA MORENA DE OJOS AZULES… NO
YO: LO SIENTO, NO CAIGO :$
IAN: QUE PENA… A MI NO SE ME A OLVIDADO LA CHICA QUE EN VEZ DE BAÑARSE LEIA A LA SOMBRA DE UN SAUCE…
Y antes de que ella pudiera decir nada, se desconectó.
-Hola
-Hola. Voy para el instituto. ¿Quieres que te lleve?
-Sí, claro- contestó Daphne sorprendida de que no hubiera comentado nada sobre el “tema”.
Después de desayunar se metieron en el coche de Jane. La mitad del trayecto fue bastante tranquilo, ambas calladas, en un silencio no muy incomodo, cubierto por la música que salía de la radio. Después… bueno, después, las palabras brotaron, los temas cambiaron.
-¿Qué tal estas?
-Bien –su hermana la miró en plan “a mí no me engañas”- ¿qué? Va enserio. Estoy bien. No más feliz que una perdiz… pero que se le va a hacer.
-Pues… yo había pensado levantar el ánimo de mi hermanita llevándola a una fiesta en casa de Kyle el viernes por la noche, pero si ya está bien, no hará falta.
-¡Jane! – su voz ahora sí que tenía un matiz de felicidad. Ir a una fiesta en casa de Kyle!! Su hermana no podía dejarla sin ir ahora que se lo había dicho.- Estoy fatal. Muy deprimida. Estoy pensando seriamente tirarme por un puente. Pero… quizá, solo quizá, eso me levante la moral.
-Si es solo quizá…
-¡Jane! Para ya. Me levantará mucho la moral. Estaré muy feliz. Y tú serás la mejor hermana de este planeta- un poco de peloteo en estos casos, no viene mal.
Cuando llegaron al instituto la avalancha de amigos de Jane la sepultó, así que Daphne huyó disimuladamente en busca de sus amigos para contarles la novedad, pero no le dio tiempo, pues no los encontró. Así que tuvo que ir a clase de literatura. Donde les mandaron como deberes hacer una poesía sobre un tema libre o bien una prosa. No había límites, solo el mínimo de dos hojas en prosa y más de cuatro versos en el poema. Podría citar cada uno de los deberes que la pusieron aquel día. Pero lo único que tiene relevancia para esta historia es la obligación que la impusieron de hacer aquella invención.
Riiinngg! La campana marcó el descansó para los alumnos de la continua charla de los profesores, y el de los profesores del continuo no parar de pedir silencio a sus alumnos. Pero todo a eso a ella le daba igual. Quería ver a sus amigos, decirles que asistiría a la fiesta del año. Y sobre todo, quería saber si ellos asistirían. Cuando los encontró hablando, felices ambos, pensó en que pasaría si Mark le dijera la verdad a Sophie, y luego pensó, ¿Qué más dará? Algún día lo hará, y ese día espero que sean muy felices los dos. Feliz se acercó a ellos.
-Hola chicos… ¿A qué no sabéis quien va a ir a la fiesta más impresionante del año?
-NO! Que morro tienes… Si tú vas, yo también-contestó Sophie mientras se reia y la abrazaba, contenta de verla tan feliz.
-La verdad no tenía pensado ir… pero si vosotras vais yo no seré menos.
-Bien entonces todo decidido-declaró Sophie- ¿Tarde de compras?
-Aja. Arrasaremos.
Y con esto se fueron a las gradas del campo de futbol. Mientras una se tomaba su zumo y la otra su barrita de cereales, otro las hacía reír, hasta que una broma infortunada hacía que se ganara un golpe en el brazo. Y cuando casi no quedaba nada para que tocara el timbre, Mark tuvo el oportuno don de decir “¿Y si os acompaño de compras? No es que me apetezca, pero así disfruto de unas buenas vistas. Tranquilas chicas no me refería a vosotras” y con un “eh!” departe de ambas, salen corriendo detrás de su amigo. Ese que desearía ser más para una de ellas. Detrás de ese, que saben de sobra que solo hacia una broma, pero que no pueden evitar seguirle el juego. Y riendo, corriendo, con el pelo alborotado, entran en clase justo antes que el profesor, ahorrándose el sermón. Y después de otras tres clases, salen del instituto, un día más. Solo para dejar las mochilas en el coche de Jane y coger un autobús hacia el centro comercial. Comen, ríen y compran los modelitos que se pondrán en la fiesta que no abandona su cabeza. Los tres justos, preparándose para una fiesta que solo una de ellos, tiene la certeza de poder asistir. Pero eso, ¿qué más da? Siempre existe la ventana.
Ya por la noche, Daphne estaba frente al ordenador, intentando hacer el trebajo de literatura. Ni siquiera sabe si escribirá una poesía o un texto, no sabe de que ira. Y entonces tiene una idea. Abre un documento Word y se pone a escribir.
Otro día más aquí, frente a mi ordenador. ¿Qué hago? Me pregunto si todo el mundo se preguntará lo mismo…
Dios, ¿qué idea es esa?, piensa. Y lo borra. Y vuelve a pensar. ¿Vampiros? No muy visto, y desecha la idea. ¿Fantasmas? No me llaman la atención. Y otra idea descartada. ¿Hadas? Ni siquiera se da un motivo, idea descartada. Y entonces piensa: la fantasía que hay en el mundo atreves de una chica soñadora. Pero no la convence. La verdad de que hay en la fantasía, atreves un chico… de un ¿vampiro? No eso ya lo descarte… ¿un hombre lobo? Tampoco. Y así sigue un rato hasta que sus pensamientos son interrumpidos por el sonido de una conversación del chat. Ian, ¿desde cuando conozco a algún Ian? En fin… comprobémoslo. Y con un “clik” abre la conversación
IAN: HOLA!!!
YO: OLA… QUIEN ERES? o.Ô
IAN:NO ME RECUERDAS?
YO: DEBERÍA?
IAN: YO DIRIA QUE SÍ. ESTE VERANO, EN LA PLAYA… RECUERDAS?
YO:MMM …
IAN: TE REFRESCO LA MEMORIA?
YO: MEJOR :$
IAN: ALTO, MORENO, OJOS VERDES, COMO ABRAS SUPUESTO ME LLAMO IAN Y NOS CONOCIMOS EN LA PLAYA ESTE VERANO.
YO: NO SERIA MI HERMANA A LA QUE CONOCISTE?? o.Ô
IAN: SI ESTOY HABLANDO CON LA MORENA DE OJOS AZULES… NO
YO: LO SIENTO, NO CAIGO :$
IAN: QUE PENA… A MI NO SE ME A OLVIDADO LA CHICA QUE EN VEZ DE BAÑARSE LEIA A LA SOMBRA DE UN SAUCE…
Y antes de que ella pudiera decir nada, se desconectó.
Capitulo 3
Caminó lentamente hacía su casa, pues a pesar de haber tomado la decisión de hablar con su padre, una parte de ella deseaba dar media vuelta y correr. Incluso prefería estar en clase de Matemáticas. Llegó justo hasta la puerta de su casa, y se paró. Respiró profundas y lentas bocanadas de aire hasta tranquilizarse, y entonces, una vez más tranquila, alargó lentamente la mano para abrir la puerta. Pero antes siquiera de meter la llave en la cerradura, la puerta se abrió y su padre apareció. Cuando habló, su voz denotaba sorpresa.
-Hola. ¿Cómo es que estas aquí?
-Hola. ¿Podemos hablar?
Tras mirarse unos segundos, ambos expectantes, él asintió y pasaron al salón donde se sentaron cada uno en un sillón. Ninguno sabía por dónde empezar. Nadie sabía qué decir, qué comentar. Así que salió el tema más fácil. Del que ella sabía que no se libraría.
-¿Cómo es que no estás en el instituto?
-No podía ir. He estado pensando… y no quiero estar así. Quiero decir, que… ¡No sé lo quiero decir! Me siento traicionada y engañada. Y no puedo creer que no me lo dijeras. ¿Cómo pudiste? ¿Por qué lo hiciste? Es que no lo entiendo. Y si no… ¡no habérmelo dicho! ¿Y cómo sabes que mi cumpleaños es el que me habéis dicho? Podría ser otro. Y mi nombre igual- según hablaba su tono subía y sus ojos miraban hacia ninguna parte. Y de repente, su voz era normal acompasada y las palabras y pensamientos lógicos y ordenados.- Lo siento. Pero es que ahora mismo todo me parece surrealista. Solo quería decirte que no entiendo nada aun, que me parece vivir una pesadilla… pero no quiero estar mal contigo, porque supongo que en el fondo… yo hubiera hecho lo mismo.
Y tras esto se levanto, abrazo a su padre durante largo rato, y finalmente se fue al instituto, a soportar la charla de los profesores.
Al acabar el instituto Sophie y Mark ya la estaban esperando a la salida de clase. Genial, pensó. Por nada del mundo quería que la preguntaran una y otra vez como estaba, ni hablar del tema. Ni que la dijeran eso de “somos tus amigo, confía en nosotros…”. Confiaba en ellos, simplemente no quería hablar del tema. Con una sonrisa postiza se dirigió hacia ellos.
-Hola chicos, ¿qué tal?- su tono fue jovial, y ambos muchachos intercambiaron una mirada- ¿Qué?
-Mark me lo a contado.
-Pues los datos de Mark son atrasados. Estoy bien. Hablé con Jonh y… bueno, no voy a deciros que todo esté bien o que vaya a dar saltos de alegría, pero, poco a poco- pero su voz había ido bajando según hablaba.
-Anda, vamos a mi casa.
Con la decisión tomada, tomaron rumbo a la casa de Mark, la cual parecía últimamente el punto de reunión. Pasaron la tarde viendo una película, charlaron sobre todo y sobre nada. Pero llegó un momento un momento en el que Daphne no soportaba más y propuso ir a algún lado, cualquiera sitio. Y acabaron de nuevo en la heladería. Decidieron que tenían que estudiar algo, aun quedaban tres días por delante, así que cada uno tomó rumbo a su casa… pero antes de llegar, Daphne se desvió hacía el camino de la montaña. Vivía en una pequeña ciudad. La cual tenía bastante bosque. Y eso le encantaba. Como ya os he contado lo de dar largos paseos y leer en aquel pequeño claro era uno de sus mejores planes. Pero aquel día decidió investigar. Su vida había dado un giro de ciento ochenta grados… ¿Por qué no darlo su rutina también? Con la decisión tomada, decidió girar a la izquierda donde siempre giraba a la derecha. Y en el siguiente cruce, donde en el otro camino giraría a la izquierda, giro a la derecha. Y en el equivalente donde seguiría todo recto, tomo un zigzagueante camino a l derecha de nuevo. Y donde en el otro camino ya estaría leyendo, ella siguió andando. Pisando hierba, apartando ramas, girando, siguiendo el camino. Pero nunca retrocediendo… hasta que oyó el agua de un rio. Quitó su música para oír mejor, y siguió el camino que sus sentidos le indicaban hasta llegar a una llenura. Se quedo paralizada ante su hermosura. El rio que la había conducido hasta allí formaba un lago, que era alimentado de agua por una cascada. El pequeño claro estaba cerrado por rocas. Las mismas rocas tapadas por la cascada. Todo el suelo era una sedosa alfombra de fresca hierba. En un lado había rocas que sobresalían, donde ella se podía imaginar una bella sirena mesando sus cabellos mientras contemplaba su reflejo. Aquel sitio le transportaba a un nuevo mundo. Casi podía oír el relincho de un blanco unicornio que aparecería desde la espesura del busque. El rugido del dragón que dejaría aquel sitio surcado por una gran sombra al sobrevolar aquel mágico descubrimiento. Al lobo aullando a la luna, desde lo alto de aquellas rocas, mientras los duendes poco a poco saldrían a ver quién era aquella muchacha que había osado entrar en sus dominios. Casi percibía el aroma del muchacho que entraría en el claro, andando tranquilo, huyendo de la civilización, de las persecuciones por ser diferente, por ser lo que ella deseaba. Un ser mágico, un hijo de la noche, un vampiro. Desearía no ser percibida, para poder observar la belleza de los movimientos del muchacho mientras su rostro era bañado por la luz de la luna. Todo sueños. Pero sus sueños. Se hacía tarde y la luz se perdía. Decidió volver a casa, por el nuevo camino, un camino que recorrería mucho. Un camino que desearía haber encontrado hace tiempo.
-Hola. ¿Cómo es que estas aquí?
-Hola. ¿Podemos hablar?
Tras mirarse unos segundos, ambos expectantes, él asintió y pasaron al salón donde se sentaron cada uno en un sillón. Ninguno sabía por dónde empezar. Nadie sabía qué decir, qué comentar. Así que salió el tema más fácil. Del que ella sabía que no se libraría.
-¿Cómo es que no estás en el instituto?
-No podía ir. He estado pensando… y no quiero estar así. Quiero decir, que… ¡No sé lo quiero decir! Me siento traicionada y engañada. Y no puedo creer que no me lo dijeras. ¿Cómo pudiste? ¿Por qué lo hiciste? Es que no lo entiendo. Y si no… ¡no habérmelo dicho! ¿Y cómo sabes que mi cumpleaños es el que me habéis dicho? Podría ser otro. Y mi nombre igual- según hablaba su tono subía y sus ojos miraban hacia ninguna parte. Y de repente, su voz era normal acompasada y las palabras y pensamientos lógicos y ordenados.- Lo siento. Pero es que ahora mismo todo me parece surrealista. Solo quería decirte que no entiendo nada aun, que me parece vivir una pesadilla… pero no quiero estar mal contigo, porque supongo que en el fondo… yo hubiera hecho lo mismo.
Y tras esto se levanto, abrazo a su padre durante largo rato, y finalmente se fue al instituto, a soportar la charla de los profesores.
Al acabar el instituto Sophie y Mark ya la estaban esperando a la salida de clase. Genial, pensó. Por nada del mundo quería que la preguntaran una y otra vez como estaba, ni hablar del tema. Ni que la dijeran eso de “somos tus amigo, confía en nosotros…”. Confiaba en ellos, simplemente no quería hablar del tema. Con una sonrisa postiza se dirigió hacia ellos.
-Hola chicos, ¿qué tal?- su tono fue jovial, y ambos muchachos intercambiaron una mirada- ¿Qué?
-Mark me lo a contado.
-Pues los datos de Mark son atrasados. Estoy bien. Hablé con Jonh y… bueno, no voy a deciros que todo esté bien o que vaya a dar saltos de alegría, pero, poco a poco- pero su voz había ido bajando según hablaba.
-Anda, vamos a mi casa.
Con la decisión tomada, tomaron rumbo a la casa de Mark, la cual parecía últimamente el punto de reunión. Pasaron la tarde viendo una película, charlaron sobre todo y sobre nada. Pero llegó un momento un momento en el que Daphne no soportaba más y propuso ir a algún lado, cualquiera sitio. Y acabaron de nuevo en la heladería. Decidieron que tenían que estudiar algo, aun quedaban tres días por delante, así que cada uno tomó rumbo a su casa… pero antes de llegar, Daphne se desvió hacía el camino de la montaña. Vivía en una pequeña ciudad. La cual tenía bastante bosque. Y eso le encantaba. Como ya os he contado lo de dar largos paseos y leer en aquel pequeño claro era uno de sus mejores planes. Pero aquel día decidió investigar. Su vida había dado un giro de ciento ochenta grados… ¿Por qué no darlo su rutina también? Con la decisión tomada, decidió girar a la izquierda donde siempre giraba a la derecha. Y en el siguiente cruce, donde en el otro camino giraría a la izquierda, giro a la derecha. Y en el equivalente donde seguiría todo recto, tomo un zigzagueante camino a l derecha de nuevo. Y donde en el otro camino ya estaría leyendo, ella siguió andando. Pisando hierba, apartando ramas, girando, siguiendo el camino. Pero nunca retrocediendo… hasta que oyó el agua de un rio. Quitó su música para oír mejor, y siguió el camino que sus sentidos le indicaban hasta llegar a una llenura. Se quedo paralizada ante su hermosura. El rio que la había conducido hasta allí formaba un lago, que era alimentado de agua por una cascada. El pequeño claro estaba cerrado por rocas. Las mismas rocas tapadas por la cascada. Todo el suelo era una sedosa alfombra de fresca hierba. En un lado había rocas que sobresalían, donde ella se podía imaginar una bella sirena mesando sus cabellos mientras contemplaba su reflejo. Aquel sitio le transportaba a un nuevo mundo. Casi podía oír el relincho de un blanco unicornio que aparecería desde la espesura del busque. El rugido del dragón que dejaría aquel sitio surcado por una gran sombra al sobrevolar aquel mágico descubrimiento. Al lobo aullando a la luna, desde lo alto de aquellas rocas, mientras los duendes poco a poco saldrían a ver quién era aquella muchacha que había osado entrar en sus dominios. Casi percibía el aroma del muchacho que entraría en el claro, andando tranquilo, huyendo de la civilización, de las persecuciones por ser diferente, por ser lo que ella deseaba. Un ser mágico, un hijo de la noche, un vampiro. Desearía no ser percibida, para poder observar la belleza de los movimientos del muchacho mientras su rostro era bañado por la luz de la luna. Todo sueños. Pero sus sueños. Se hacía tarde y la luz se perdía. Decidió volver a casa, por el nuevo camino, un camino que recorrería mucho. Un camino que desearía haber encontrado hace tiempo.
Capitulo 2
A la mañana siguiente se despertó pronto tras una noche en la que el sueño no había hecho verdadero acto de presencia, y lo único que se había dejado ver era de una forma confusa y no muy reconfortante. Se durmieron uno al lado del otro. Ofreciéndose mutuo consuelo, parecían más bien una pareja, su cabeza en su pecho, un brazo rodeando su cuerpo y una respiración acompasada que fue el único verdadero consuelo que encontró.
Aquella noche tuvieron la suerte de que los padres de Mark no estaban y fue fácil convencer a su hermano de que no se le ocurriera decir nada.
Cuando se levantó, Mark aun seguía dormido, así que le escribió una nota que dejó sobre la mesilla y fue a su casa a ducharse y cambarse de ropa.
Salió igual que entro, a hurtadillas. Pero no se encaminó al instituto. No tenía fuerzas, y por primera vez en su vida hizo pellas. Fue a su heladería preferida, pidió un helado grande de limón, y se sentó en un reservado. Extrañó, diría la gente, una chica de dieciséis años tomando un helado a las nueve de las mañana. Después de un rato de divagaciones decidió sacar su libro.
“Otro oscuro día es este pútrido lugar. Los días pasan y tú no vuelves. Sabía que sería malo, pero no tanto. Creía que volverías, mi vida, mi sol, las manos que me sostenían, el aire que respiraba, pero veo que me equivoqué. Ahora no hago sino caer. La oscuridad me aprisiona, aunque se que he de aceptar mi destino. El destino que nos separa. El que hace pensar que todo fue una mentira. ¿Cómo algo tan bello iba a ser real?”
Cerró el libro y pensó en lo que había leído.
¿Quizá fuera cierto? Su vida no había sido como un sueño. Pero si una mentira. Quizá no tanto, quiero decir, ¿qué iba a hacer Jonh? Decirme con dos años: “princesa, yo no soy tu papá. Y Jane no es tu hermana” ¡Claro que no! No lo hubiera entendido. Quizá fui muy dura. Pero es que no me puedo creer no me lo dijeran. Pero tengo que disculparme. Pero disculparme por qué. Solo había expresado lo que sentía. Pero de una forma muy inmadura… Demasiado “pero”.Decidió ir a casa y hablar con su padre, eran las 10:15, estaría en casa seguramente. Pensó que se comería una bronca por faltar a clases, pero le daba igual. Aun no lo aceptaba, y sabía que tenía un buen trecho hasta asimilarlo. Pero no quería estar así con John.
Es extraño como en un solo momento puedes acabar totalmente perdida, no saber qué hacer adonde ir, como afrontar las cosas. Que en un momento no quieras hablar con alguien. No quieras ni verlo. Y que al momento siguiente entiendas que eso no te va ayudar en nada, que eso solo es peor, y entiendas que las cosas son como son. No llegar a entenderlas, pero si entender que son así, y que no lo puedes cambiar. Con la decisión tomada se encaminó hacía su casa. Perdida en sus pensamientos chocó contra un alto y apuesto muchacho, en el que ni se fijó. Pero que sin embargo, él si se fijó en ella. Al menos en su sedoso pelo negro, ondulante en la mañana de marzo, en su figura cada vez más lejana, y en lo gracioso de su atuendo. Aunque reticente aquel desconocido apartó la vista de ella, y cuando la bajo con una suave negativa, vio una hoja amarillenta, maltratada por los años y quemada por un lado. Se agachó lentamente a recogerla, y cuando lo tocó, una imagen infestó su mente, sus recuerdos… Rápidamente miró hacía donde aquella chica se dirigía pero ya había desaparecido de su vista, y el viento ya soplaba hacia otro lado. Mientras guardaba la nota en su chaqueta, y se encaminaba hacia donde en un principio iba, pensó, La he encontrado.
Aquella noche tuvieron la suerte de que los padres de Mark no estaban y fue fácil convencer a su hermano de que no se le ocurriera decir nada.
Cuando se levantó, Mark aun seguía dormido, así que le escribió una nota que dejó sobre la mesilla y fue a su casa a ducharse y cambarse de ropa.
Salió igual que entro, a hurtadillas. Pero no se encaminó al instituto. No tenía fuerzas, y por primera vez en su vida hizo pellas. Fue a su heladería preferida, pidió un helado grande de limón, y se sentó en un reservado. Extrañó, diría la gente, una chica de dieciséis años tomando un helado a las nueve de las mañana. Después de un rato de divagaciones decidió sacar su libro.
“Otro oscuro día es este pútrido lugar. Los días pasan y tú no vuelves. Sabía que sería malo, pero no tanto. Creía que volverías, mi vida, mi sol, las manos que me sostenían, el aire que respiraba, pero veo que me equivoqué. Ahora no hago sino caer. La oscuridad me aprisiona, aunque se que he de aceptar mi destino. El destino que nos separa. El que hace pensar que todo fue una mentira. ¿Cómo algo tan bello iba a ser real?”
Cerró el libro y pensó en lo que había leído.
¿Quizá fuera cierto? Su vida no había sido como un sueño. Pero si una mentira. Quizá no tanto, quiero decir, ¿qué iba a hacer Jonh? Decirme con dos años: “princesa, yo no soy tu papá. Y Jane no es tu hermana” ¡Claro que no! No lo hubiera entendido. Quizá fui muy dura. Pero es que no me puedo creer no me lo dijeran. Pero tengo que disculparme. Pero disculparme por qué. Solo había expresado lo que sentía. Pero de una forma muy inmadura… Demasiado “pero”.Decidió ir a casa y hablar con su padre, eran las 10:15, estaría en casa seguramente. Pensó que se comería una bronca por faltar a clases, pero le daba igual. Aun no lo aceptaba, y sabía que tenía un buen trecho hasta asimilarlo. Pero no quería estar así con John.
Es extraño como en un solo momento puedes acabar totalmente perdida, no saber qué hacer adonde ir, como afrontar las cosas. Que en un momento no quieras hablar con alguien. No quieras ni verlo. Y que al momento siguiente entiendas que eso no te va ayudar en nada, que eso solo es peor, y entiendas que las cosas son como son. No llegar a entenderlas, pero si entender que son así, y que no lo puedes cambiar. Con la decisión tomada se encaminó hacía su casa. Perdida en sus pensamientos chocó contra un alto y apuesto muchacho, en el que ni se fijó. Pero que sin embargo, él si se fijó en ella. Al menos en su sedoso pelo negro, ondulante en la mañana de marzo, en su figura cada vez más lejana, y en lo gracioso de su atuendo. Aunque reticente aquel desconocido apartó la vista de ella, y cuando la bajo con una suave negativa, vio una hoja amarillenta, maltratada por los años y quemada por un lado. Se agachó lentamente a recogerla, y cuando lo tocó, una imagen infestó su mente, sus recuerdos… Rápidamente miró hacía donde aquella chica se dirigía pero ya había desaparecido de su vista, y el viento ya soplaba hacia otro lado. Mientras guardaba la nota en su chaqueta, y se encaminaba hacia donde en un principio iba, pensó, La he encontrado.
Capitulo 1
Llegó a casa del instituto para encontrarse otra de las peleas que su padre y su hermana mayor compartían. No sabía el tema, pero ya podía imaginar que sería sobre lo de siempre: chicos, la factura del teléfono, quizá las notas o si podría asistir a una fiesta o no. Jane tenía diecisiete años, casi dos años más que ella, siempre fue muy guapa: alta, de pelo rubio, largo y sedoso, unos preciosos ojos azueles, y un cuerpo digno de envidiar. Eso explicaba porque su padre siempre se ponía histérico cuando hablaba de un novio, una fiesta… lo ya citado. A pesar del ruido de la puerta y el saludo, pasó inadvertida ante lo que ahora piensa unos pobres ojos mortales. Decidió subir a su habitación, dejar las cosas, ponerse cómoda y después bajar, ver si los humos se habían calmado y saludar como es debido… pero no había otra forma, ahora solo conseguiría pagar los humos en los su hermana de nuevo había puesto a su padre. Todo lo tenía estudiado, aquello, por triste que le pareciera era su rutina.
Se paró ante el espejo de cuerpo entero de su cuarto, en el que se veía una modesta chica de casi dieciséis años. Su pelo negro, sus labios gruesos y rojos, ojos de un extraño azul, un pequeño toque de morado en sus contornos. Nunca nadie dijo de esa chica parecerse su bella hermana. Ella siempre pensó de si una chica normal. Pero la gente parecía ver más, aunque eso ella no lo descubriría aun. Pensaba en si esa ropa le quedaba bien, en si alguna vez algún chico se fijaría en ella. ¡Quince años y ni un ligue! Con un suspiro, se deshizo la coleta, creando una sedosa cortina con sus largos cabellos y se encaminó hacia la planta baja, dejando atrás la imagen de una hermosa y solitaria muchacha.
Cuando bajo comprobó que efectivamente todo estaba más tranquilo. No obstante cuando llegó a la cocina encontró a su padre apoyado sobre la mesa, los codos apoyados en la mesa, las manos agarrándose el pelo…
-Hola, papá-saludó tímida.
Su padre levanto la cabeza y cuando la vio esbozo lo que podría ser una sonrisa, más bien, lo que pretendía ser una sonrisa… pues dudosamente pasaría por una desdeñosa mueca.
-Hola princesa, ¿cuándo llegaste?- su voz sonaba abatida, y era una cosa que no soportaba.
-Hace poco... os oí discutir... ¿Qué pasó?
Su padre miro hacia otro lado y le dijo que se sentara, en ese momento, entendió que aquello era más grave de lo que pensaba. Su padre comenzó a hablar.
-Cariño, no te he sido totalmente sincero… y creo que ya es el momento… quizá no lo sea, pero, si no lo es, yo estaré aquí y Jane también.-Esa declaración la asusto, conto hasta diez, muy despacio, pero eso no sirvió para tranquilizar su corazón… El silencio en el que se sumieron pareció interminable, hasta que su padre desveló lo más doloroso que había oído en su vida, su vida, una mentira.
-Hace quince años, mi hermano se presentó con un bebé en esta casa. Ese bebé eras tú. Te habían dejado ante su puerta una noche, y mi hermano tenía una enfermedad, no sabía si podría cuidarte, así que me pidió que te cuidará. Quizá te preguntes porque a mí, podríamos haberte llevado a un centro de adopción, pero una nota nos lo impidió-cuando terminó de decir estas palabras le entregó una nota, arrugada, quemada por una esquina y amarillenta. Daphne no se podía creer lo que su padre, no, su supuesto padre, le acababa de desvelar. ¿Todo una mentira? ¿De verdad? No podía ser. Lentamente se levanto, se encaminó escaleras arriba y se encerró en su cuarto, aun con la nota en la mano, sin desdoblar. Tomo su bolso, donde tenía su i-pod y su libro, y se encaminó hacia su retiro, su pequeño oasis en ese desierto de felicidad. Ni siquiera se percató de coger el abrigo, pues en ese momento ni el dolor ni el frio existían para ella. Solo un vacio aterrador… que iba dejando paso a la oscuridad.
Tras mucho andar, aun no tiene nada claro. Llega a donde siempre, a su rincón, su espacio, su refugio… pero ni las notas, ni las letras ni el arrullo del bosque logra tranquilizarla o aclararla. Y tiene frio. Mucho. El vacío ha dejado paso al terror, a mil pensamientos, a conjeturas, al pensamiento de que toda su vida ha sido una mentira… Piensa en irse a casa de una amiga. ¿Pero de quien? ¿Y preocupar a su padre? Un padre que le acaba de desvelar que siempre le ha mentido, que su vida es una sarta de mentiras… Pero no puede más. Así, que recoge sus cosas. Marca la página en la que se ha quedado en el libro, solo tres hojas más de las que había leído hace dos horas. Y con la mente no más serena vuelve por el camino de siempre hacia la casa de siempre, claro que esa casa, ya no le parece un hogar… simplemente es un lugar donde pasar la noche. Donde apoyar la cabeza sobre su mullida almohada y dejarse llevar por los sentimientos. Sentimientos que no saben toda la verdad, pues aun no ha leído aquella nota, un nota antigua, con muchos secretos… e incompleta.
Al contrario de lo que pensaba, cuando llegó a casa, descubrió que no quería estar allí, no quería hablar con John, ni con Jane. Se quedó contemplando la puerta de su casa hasta que empezó a oscurecer, entonces mando un mensaje a Mark y a Sophie, diciendo que quedaban donde siempre en treinta minutos.
Cuando llego todavía le sobraban 10 minutos. El Bloody Sound es una pequeña discoteca, está dividida en dos partes: la pista de baile y el bar, el cual tiene varias zonas a su vez. Siempre se ponían en el mismo lugar. En unos sillones al fondo, en una esquina, en la planta baja. Una pequeña escalera de caracol conducía a la planta alta, zona exclusiva para mayores de dieciséis, por ese entonces nunca lo había visitado, pero siempre pensó que por más espectacular que fuera, nunca superaría a su rincón. Se sentó a esperar, cuando sonó el timbre de su móvil. Lo tomo y leyó el mensaje.
“NO PODO IR SORRY.COSS D FAMILY ABLMOS, S MU URGNT? TQ… p.d. LOGO PODO ABLAR “
El mensaje era de Sophie. Se preguntaba si Mark podría ir. Cuando pensaba que no vendría, lo vio aparecer entre la gente. Un muchacho no muy alto, no muy musculoso, pero su mejor amigo. Un amigo que una vez le gusto, pero el corazón de Mark siempre fue de Sophie, aunque nunca se atrevía a decírselo.
-Hola guapa, ¿qué pasa?- preguntó mientras se sentaba.
-Hey. Sophie no puede venir.
Su voz sonó queda. Muy queda. Y Mark se percató enseguida de que algo grave pasaba
-Daphne, ¿Qué ha pasado?-ella no contestaba, por lo que insistió- Daph…
La camarera llegó para preguntar por las bebidas y prolongó la espera. Cuando se fue , Mark se acercó más a ella, levanto su cara pera que le mirara a los ojos.
-Sabes que puedes contármelo, ¿qué pasa?
Poco a poco, levanto unos ojos que no sabían cómo afrontar lo que se avecinaba. Tragó fuerte y se preparó para hablar.
-Es que… es que, que-giro para otro lado la cabeza, lejos del alcance de sus ojos, y en un fino silencio pronunció-soy adoptada.
Silencio. A pesar de estar rodeados de ruido, lo único de Daphne sentía era el silencio de su amigo. Giro la cabeza, muy lentamente, casi temiendo la reacción de su amigo. Pero aun no había terminado el movimiento cuando noto que unos brazos la encerraban en un cariñoso y reconfortante abrazo. Apoyó su cabeza en el pecho de él, cerró los ojos y se dejo llevar por lo reconfortante del abrazo. Así estuvieron hasta que la camarera trajo las bebidas. En ese momento se separaron. No hablaron. Mark vió en los ojos de ella que no podría entablar una conversación, así que le pasó un brazo por sus hombros mientras pasaba la noche.
Ya más tarde, después de muchas Fantas de naranja, alguna Coca-cola, decidieron ir a casa de Mark, pues Daph no quería volver a la suya.
Se paró ante el espejo de cuerpo entero de su cuarto, en el que se veía una modesta chica de casi dieciséis años. Su pelo negro, sus labios gruesos y rojos, ojos de un extraño azul, un pequeño toque de morado en sus contornos. Nunca nadie dijo de esa chica parecerse su bella hermana. Ella siempre pensó de si una chica normal. Pero la gente parecía ver más, aunque eso ella no lo descubriría aun. Pensaba en si esa ropa le quedaba bien, en si alguna vez algún chico se fijaría en ella. ¡Quince años y ni un ligue! Con un suspiro, se deshizo la coleta, creando una sedosa cortina con sus largos cabellos y se encaminó hacia la planta baja, dejando atrás la imagen de una hermosa y solitaria muchacha.
Cuando bajo comprobó que efectivamente todo estaba más tranquilo. No obstante cuando llegó a la cocina encontró a su padre apoyado sobre la mesa, los codos apoyados en la mesa, las manos agarrándose el pelo…
-Hola, papá-saludó tímida.
Su padre levanto la cabeza y cuando la vio esbozo lo que podría ser una sonrisa, más bien, lo que pretendía ser una sonrisa… pues dudosamente pasaría por una desdeñosa mueca.
-Hola princesa, ¿cuándo llegaste?- su voz sonaba abatida, y era una cosa que no soportaba.
-Hace poco... os oí discutir... ¿Qué pasó?
Su padre miro hacia otro lado y le dijo que se sentara, en ese momento, entendió que aquello era más grave de lo que pensaba. Su padre comenzó a hablar.
-Cariño, no te he sido totalmente sincero… y creo que ya es el momento… quizá no lo sea, pero, si no lo es, yo estaré aquí y Jane también.-Esa declaración la asusto, conto hasta diez, muy despacio, pero eso no sirvió para tranquilizar su corazón… El silencio en el que se sumieron pareció interminable, hasta que su padre desveló lo más doloroso que había oído en su vida, su vida, una mentira.
-Hace quince años, mi hermano se presentó con un bebé en esta casa. Ese bebé eras tú. Te habían dejado ante su puerta una noche, y mi hermano tenía una enfermedad, no sabía si podría cuidarte, así que me pidió que te cuidará. Quizá te preguntes porque a mí, podríamos haberte llevado a un centro de adopción, pero una nota nos lo impidió-cuando terminó de decir estas palabras le entregó una nota, arrugada, quemada por una esquina y amarillenta. Daphne no se podía creer lo que su padre, no, su supuesto padre, le acababa de desvelar. ¿Todo una mentira? ¿De verdad? No podía ser. Lentamente se levanto, se encaminó escaleras arriba y se encerró en su cuarto, aun con la nota en la mano, sin desdoblar. Tomo su bolso, donde tenía su i-pod y su libro, y se encaminó hacia su retiro, su pequeño oasis en ese desierto de felicidad. Ni siquiera se percató de coger el abrigo, pues en ese momento ni el dolor ni el frio existían para ella. Solo un vacio aterrador… que iba dejando paso a la oscuridad.
Tras mucho andar, aun no tiene nada claro. Llega a donde siempre, a su rincón, su espacio, su refugio… pero ni las notas, ni las letras ni el arrullo del bosque logra tranquilizarla o aclararla. Y tiene frio. Mucho. El vacío ha dejado paso al terror, a mil pensamientos, a conjeturas, al pensamiento de que toda su vida ha sido una mentira… Piensa en irse a casa de una amiga. ¿Pero de quien? ¿Y preocupar a su padre? Un padre que le acaba de desvelar que siempre le ha mentido, que su vida es una sarta de mentiras… Pero no puede más. Así, que recoge sus cosas. Marca la página en la que se ha quedado en el libro, solo tres hojas más de las que había leído hace dos horas. Y con la mente no más serena vuelve por el camino de siempre hacia la casa de siempre, claro que esa casa, ya no le parece un hogar… simplemente es un lugar donde pasar la noche. Donde apoyar la cabeza sobre su mullida almohada y dejarse llevar por los sentimientos. Sentimientos que no saben toda la verdad, pues aun no ha leído aquella nota, un nota antigua, con muchos secretos… e incompleta.
Al contrario de lo que pensaba, cuando llegó a casa, descubrió que no quería estar allí, no quería hablar con John, ni con Jane. Se quedó contemplando la puerta de su casa hasta que empezó a oscurecer, entonces mando un mensaje a Mark y a Sophie, diciendo que quedaban donde siempre en treinta minutos.
Cuando llego todavía le sobraban 10 minutos. El Bloody Sound es una pequeña discoteca, está dividida en dos partes: la pista de baile y el bar, el cual tiene varias zonas a su vez. Siempre se ponían en el mismo lugar. En unos sillones al fondo, en una esquina, en la planta baja. Una pequeña escalera de caracol conducía a la planta alta, zona exclusiva para mayores de dieciséis, por ese entonces nunca lo había visitado, pero siempre pensó que por más espectacular que fuera, nunca superaría a su rincón. Se sentó a esperar, cuando sonó el timbre de su móvil. Lo tomo y leyó el mensaje.
“NO PODO IR SORRY.COSS D FAMILY ABLMOS, S MU URGNT? TQ… p.d. LOGO PODO ABLAR “
El mensaje era de Sophie. Se preguntaba si Mark podría ir. Cuando pensaba que no vendría, lo vio aparecer entre la gente. Un muchacho no muy alto, no muy musculoso, pero su mejor amigo. Un amigo que una vez le gusto, pero el corazón de Mark siempre fue de Sophie, aunque nunca se atrevía a decírselo.
-Hola guapa, ¿qué pasa?- preguntó mientras se sentaba.
-Hey. Sophie no puede venir.
Su voz sonó queda. Muy queda. Y Mark se percató enseguida de que algo grave pasaba
-Daphne, ¿Qué ha pasado?-ella no contestaba, por lo que insistió- Daph…
La camarera llegó para preguntar por las bebidas y prolongó la espera. Cuando se fue , Mark se acercó más a ella, levanto su cara pera que le mirara a los ojos.
-Sabes que puedes contármelo, ¿qué pasa?
Poco a poco, levanto unos ojos que no sabían cómo afrontar lo que se avecinaba. Tragó fuerte y se preparó para hablar.
-Es que… es que, que-giro para otro lado la cabeza, lejos del alcance de sus ojos, y en un fino silencio pronunció-soy adoptada.
Silencio. A pesar de estar rodeados de ruido, lo único de Daphne sentía era el silencio de su amigo. Giro la cabeza, muy lentamente, casi temiendo la reacción de su amigo. Pero aun no había terminado el movimiento cuando noto que unos brazos la encerraban en un cariñoso y reconfortante abrazo. Apoyó su cabeza en el pecho de él, cerró los ojos y se dejo llevar por lo reconfortante del abrazo. Así estuvieron hasta que la camarera trajo las bebidas. En ese momento se separaron. No hablaron. Mark vió en los ojos de ella que no podría entablar una conversación, así que le pasó un brazo por sus hombros mientras pasaba la noche.
Ya más tarde, después de muchas Fantas de naranja, alguna Coca-cola, decidieron ir a casa de Mark, pues Daph no quería volver a la suya.
PREFACIO.
PREFACIO
No hace tanto, su mayor preocupación era cuando se compraría el próximo libro. Desde ese momento han pasado tantas cosas, que ni siquiera ella podría contarlas ahora. La historia de su vida no era entretenida, una chica entre cuatro paredes que leía libros, o eso es lo que pensaba la gente, por que cuando empezaba a leer un libro, las paredes desaparecían.
Pocos años han pasado, pero ahora todo es distinto, te voy a contar su historia. La historia de cómo se convirtió en vampiro.
ANTES DE QUE TODO PASARA, UN DOMINGO POR LA TARDE…
Levantó la vista del libro, para posarla en la estantería. Le faltaba espacio para libros, pero eso no impedía que siguiera leyendo. Qué bonitas historias, pensó en aquel momento. Miró por la ventana preguntándose si aquellas bellas criaturas existirían. Quería un mundo de aventuras. Hijos de la noche, hijos de la luna, miembros de la corte seelie, brujos, hechiceras… Pero su mente, por más que lo deseara, no podía imaginar, que su sueño más preciado existiera de verdad. Al contrario de lo que la gente pensaba, el interior de esas cuatro paredes no era su espacio favorito. Decidió salir a leer afuera.Daba largos paseos, mientras escuchaba música en su i-pod, hasta que llegaba al lugar adecuado y se ponía a leer como una loca sus libros. Se apoyaba en un árbol caído, quitaba un auricular de su oreja, y junto a la música y los ruidos del campo… se sumergía en una historia.
No hace tanto, su mayor preocupación era cuando se compraría el próximo libro. Desde ese momento han pasado tantas cosas, que ni siquiera ella podría contarlas ahora. La historia de su vida no era entretenida, una chica entre cuatro paredes que leía libros, o eso es lo que pensaba la gente, por que cuando empezaba a leer un libro, las paredes desaparecían.
Pocos años han pasado, pero ahora todo es distinto, te voy a contar su historia. La historia de cómo se convirtió en vampiro.
ANTES DE QUE TODO PASARA, UN DOMINGO POR LA TARDE…
Levantó la vista del libro, para posarla en la estantería. Le faltaba espacio para libros, pero eso no impedía que siguiera leyendo. Qué bonitas historias, pensó en aquel momento. Miró por la ventana preguntándose si aquellas bellas criaturas existirían. Quería un mundo de aventuras. Hijos de la noche, hijos de la luna, miembros de la corte seelie, brujos, hechiceras… Pero su mente, por más que lo deseara, no podía imaginar, que su sueño más preciado existiera de verdad. Al contrario de lo que la gente pensaba, el interior de esas cuatro paredes no era su espacio favorito. Decidió salir a leer afuera.Daba largos paseos, mientras escuchaba música en su i-pod, hasta que llegaba al lugar adecuado y se ponía a leer como una loca sus libros. Se apoyaba en un árbol caído, quitaba un auricular de su oreja, y junto a la música y los ruidos del campo… se sumergía en una historia.
martes, 26 de enero de 2010
Dejame volar...
Es bonito vivir en un sueño,
pero de los sueños siempre se despierta...
No seas el despertador
que rompa la ilusión.
No seas el verdugo que mate mi alegria.
no digas no,
dejame volar.
Da igual cuan grande se la caida...
mientras vuelo sea sincero.
pero de los sueños siempre se despierta...
No seas el despertador
que rompa la ilusión.
No seas el verdugo que mate mi alegria.
no digas no,
dejame volar.
Da igual cuan grande se la caida...
mientras vuelo sea sincero.
Lo que se dice...

Dicen de la esperanza, lo último que se pierde,
Dicen del amor, la mágia de la vida,
Las lágrimas el dolor,
Los golpes de la vida la sabiduría.
Pero yo creo creo...
Creo de la espernza lo primero que surge,
Del amor, la chispa y el motor de la vida, la felicidad y a veces el dolor,
Las lágrimas, junto a los ojos, la máxima expresión, de sufrimiento o alegria.
Y de los golpes de la vida...
Diria inecesarios... pero pensandolo bien... quiza eso si sea la sabiduria...
domingo, 24 de enero de 2010
Formas de querer...

Me duele el corazón,
no puedo ni llorar,
mentira, estoy llorando,
es mi forma de expresar,
lo mucho que me duele el haberte conocido.
La indiferencia fue dura,
El "te quiero" a otra tambien,
Pero el. te quiero como amiga...
Es lo mas doloroso que me han podido decir.
El dolor persiste,
Parece no quererse ir,
Ahora me pregunto:
¿Por qué te conocí?
viernes, 22 de enero de 2010
Ojala pudiera decir: "TODO ESTARA BIEN..."

Quisiera ser capaz, de decirte la verdad, poder gritar lo mucho que te quiero, lo mucho que me haces sufrir, quisiera poder decirte que las lágrimas eran y son por ti, que el dolor es por tu amor, que solo te deseo olvidar, que solo quiero tu abrazo, tus brazos ofreciéndome un consuelo, sin razón... Qué no haya nada que consolar. Solo un te quiero en tus labios...
Estoy harta de ver lágrimas derramar,
Porque todo es confuso,
Porque todo es dolor,
Porque estoy cansada,
Cansada de llorar,
De ver llorar,
De suspiros encerrar...
Mírame, y di lo que ves,
Si ves algo de vida dímelo,
Porque según puedo sentir por el vació aterrador,
Te llevaste mi vida,
Junto a mi corazón.
Estoy harta de sentir dar,
Y sentirme sola aquí,
Estoy harta de ver a mis amigos sufrir,
Y saber que mis palabras no bastan,
Sentirme impotente,
Porque os veo lágrimas verter,
Y no poder decirme ni deciros...
TODO ESTARÁ BIEN!!
miércoles, 20 de enero de 2010
Momentos con significado...
Lágrimas amargas...

Las lágrimas dulces suelen ser las pratagonistas del amor, pero un dia más he contemplado a mi alrededor las lagrimas amargas que ahora ruedan por mis mejillas y que delicadas, huyen de mi cara por el precipicio que forma mi rostro, estreyandose contra le manga de mi chaqueta, que rodea mi pecho, quiza en un vano intento de sostener mi corazón, que se ha desgarrado en mil pedazos.
y estoy harta...
Me haces daño, pero no te dejo atras, luego me hablas y me haces soñar. Estoy harta de tranquilizar, de dar esperanza, cuando yo misma no la tengo. Para mi tu hola es mucho más para ti mi hola parece una molestia causar. Y estoy harta de que las lágrimas pugnen por salir, y estoy harta de que mi corazón se rompa por ti, y estoy harta de decir que sí, y estoy harta de preocuparme por ti.
No hables sin saber, no pienses por que sí. Mira mis ojos y observa la verdad. Dime lo que ves... y si no me correspondes... dejame dejarte atras.
No hables sin saber, no pienses por que sí. Mira mis ojos y observa la verdad. Dime lo que ves... y si no me correspondes... dejame dejarte atras.
martes, 19 de enero de 2010
Deseos de olvidar...

Felicidad efímera
Ojos llorosos…
Te quiero, te odio y no sé qué pensar,
Solo quiero poderte olvidar
¿Entiendes lo que te digo?
Déjame escapar,
Ya me tienes no me has de acorralar,
Si no me quieres
Déjame olvidar…
Quiero tantas cosas que renuncié a la mitad…
Y digo con tristeza que quizá formes parte de esa fracción…
Aunque en realidad no quiero tantas cosas,
Simplemente es
La escusa que mi corazón pone a la razón
Quizá que la razón pone al corazón,
Para poderte decir adiós…
domingo, 17 de enero de 2010
Piensa en el dolor, para poderlo olvidar...

Lloro por amor, y no logro entender, que es lo que la gente ve en él. ¿Que es el amor? Yo no lo entiendo de otra forma que no sea dolor. En algún momento será hermoso, quizá cuando pienses en la esperanza, quizá cuando sueñas con él, pero siempre hay algún momento en el que despiertas del sueño para decir: oh, dios, ¿por qué te ame!? Quizá la pregunta sea en presente, quizá en pasado, no lo sé. Pero hay gente que pregunta la frase, sin ni siquiera haber probado poder decir, que la otra persona pensó en ella.
Mi caso es difícil, ¿el de quien no lo es? No soy la de la foto pero a la vez quien no lo es. Di que nunca has llorado por un amor espontaneo. Que jamás as sufrido por haberlo conocido. Di que lo olvidaras, que su sonrisa no fue gran cosa, que fue un muchacho/a, solo un capricho, que qué más dará el haberlo conocido.
Ahora di la verdad, lo que no quieres aceptar, que el amor te llegó, pero que él no te vio, que el amor te llamo, pero no te escucho, que el amor te acompaño, pero no te correspondió.
Y entonces piensa en lo bello del amor, olvida tu caso mira a tu alrededor, y piensa que no estás solo que otros comparten tu dolor. Piensa que habra más, que en él no estaba tu final, piensa en sus ojos y déjalos atrás, piensa en otra cosa y grita sin más: vuelve amor, tráeme felicidad, ayúdame a entender que es lo que vi en él, para que así lo pueda olvidar.
Me equivoque...

Ojos que enamoran
Ojos que roban el corazón,
los míos no se como son,
Pero los tuyos observaron cómo fue mi destrucción.
La destrucción de mi ser,
Por algo tan simple como tu sonrisa.
Pues prometí no ilusionarme,
Aunque al final me ilusione,
Y ya has podido ver en el resultado,
Que en esta vez me equivoque.
sábado, 16 de enero de 2010
Más cuando habia esperanza...
Odio lo que siento
Siento lo que odio
Más cuando había esperanza
Era hermoso
Cuando mis labios
Suspiraban por los labios suspirando
Cuando la imagen era posible
Cuando la esperanza me nublaba
Cuando pasaba junto a ti
Y tus ojos me observaban
Cuando tu voz me guiaba
Cuando tu aroma me llegaba
Cuando el desasosiego
No cubría mi corazón
Y el desconcierto
No nublaba mis ojos.
Comenzaste como una pequeña llama
Iluminaba una mediocre vida
A la que tu diste vida
Te convertiste en el hogar
Cálido, luminoso…
Pero el invierno llego
Todo se apagó
Sin embargo
No siento traición, tampoco dolor
Siento algo asi como... decepción.
Por que tus ojos no son tus ojos
Tu boca ya no es tu boca...
y ahora tus palabras
Solo me saben amargas.
Por que a tus ojos
Ya no acuden mis suspiros
Creí amar, me equivoque
Creí soñar, lo hice muy bien
Creí desear, me perdí el deseo de tus labios sobre los míos…
Y al volver la vista atrás,
Solo puedo pensar,
En las veces que nos miramos
En las risas que compartimos
En tu mano sobre mi piel
En las palabras amables
Cuando pasabas junto a mi
Y mi ser se estremecía
En la primera mirada
La primera lágrima,
El primer sueño
SEn el que me abrazabas
En el ultimo sueño
olo amistad deseabas.
No me tildes de obsesión,
No puedo controlar mi corazón.
Siento lo que odio
Más cuando había esperanza
Era hermoso
Cuando mis labios
Suspiraban por los labios suspirando
Cuando la imagen era posible
Cuando la esperanza me nublaba
Cuando pasaba junto a ti
Y tus ojos me observaban
Cuando tu voz me guiaba
Cuando tu aroma me llegaba
Cuando el desasosiego
No cubría mi corazón
Y el desconcierto
No nublaba mis ojos.
Comenzaste como una pequeña llama
Iluminaba una mediocre vida
A la que tu diste vida
Te convertiste en el hogar
Cálido, luminoso…
Pero el invierno llego
Todo se apagó
Sin embargo
No siento traición, tampoco dolor
Siento algo asi como... decepción.
Por que tus ojos no son tus ojos
Tu boca ya no es tu boca...
y ahora tus palabras
Solo me saben amargas.
Por que a tus ojos
Ya no acuden mis suspiros
Creí amar, me equivoque
Creí soñar, lo hice muy bien
Creí desear, me perdí el deseo de tus labios sobre los míos…
Y al volver la vista atrás,
Solo puedo pensar,
En las veces que nos miramos
En las risas que compartimos
En tu mano sobre mi piel
En las palabras amables
Cuando pasabas junto a mi
Y mi ser se estremecía
En la primera mirada
La primera lágrima,
El primer sueño
SEn el que me abrazabas
En el ultimo sueño
olo amistad deseabas.
No me tildes de obsesión,
No puedo controlar mi corazón.
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