sábado, 30 de enero de 2010

Capitulo 2

A la mañana siguiente se despertó pronto tras una noche en la que el sueño no había hecho verdadero acto de presencia, y lo único que se había dejado ver era de una forma confusa y no muy reconfortante. Se durmieron uno al lado del otro. Ofreciéndose mutuo consuelo, parecían más bien una pareja, su cabeza en su pecho, un brazo rodeando su cuerpo y una respiración acompasada que fue el único verdadero consuelo que encontró.
Aquella noche tuvieron la suerte de que los padres de Mark no estaban y fue fácil convencer a su hermano de que no se le ocurriera decir nada.
Cuando se levantó, Mark aun seguía dormido, así que le escribió una nota que dejó sobre la mesilla y fue a su casa a ducharse y cambarse de ropa.
Salió igual que entro, a hurtadillas. Pero no se encaminó al instituto. No tenía fuerzas, y por primera vez en su vida hizo pellas. Fue a su heladería preferida, pidió un helado grande de limón, y se sentó en un reservado. Extrañó, diría la gente, una chica de dieciséis años tomando un helado a las nueve de las mañana. Después de un rato de divagaciones decidió sacar su libro.
“Otro oscuro día es este pútrido lugar. Los días pasan y tú no vuelves. Sabía que sería malo, pero no tanto. Creía que volverías, mi vida, mi sol, las manos que me sostenían, el aire que respiraba, pero veo que me equivoqué. Ahora no hago sino caer. La oscuridad me aprisiona, aunque se que he de aceptar mi destino. El destino que nos separa. El que hace pensar que todo fue una mentira. ¿Cómo algo tan bello iba a ser real?”
Cerró el libro y pensó en lo que había leído.
¿Quizá fuera cierto? Su vida no había sido como un sueño. Pero si una mentira. Quizá no tanto, quiero decir, ¿qué iba a hacer Jonh? Decirme con dos años: “princesa, yo no soy tu papá. Y Jane no es tu hermana” ¡Claro que no! No lo hubiera entendido. Quizá fui muy dura. Pero es que no me puedo creer no me lo dijeran. Pero tengo que disculparme. Pero disculparme por qué. Solo había expresado lo que sentía. Pero de una forma muy inmadura… Demasiado “pero”.Decidió ir a casa y hablar con su padre, eran las 10:15, estaría en casa seguramente. Pensó que se comería una bronca por faltar a clases, pero le daba igual. Aun no lo aceptaba, y sabía que tenía un buen trecho hasta asimilarlo. Pero no quería estar así con John.
Es extraño como en un solo momento puedes acabar totalmente perdida, no saber qué hacer adonde ir, como afrontar las cosas. Que en un momento no quieras hablar con alguien. No quieras ni verlo. Y que al momento siguiente entiendas que eso no te va ayudar en nada, que eso solo es peor, y entiendas que las cosas son como son. No llegar a entenderlas, pero si entender que son así, y que no lo puedes cambiar. Con la decisión tomada se encaminó hacía su casa. Perdida en sus pensamientos chocó contra un alto y apuesto muchacho, en el que ni se fijó. Pero que sin embargo, él si se fijó en ella. Al menos en su sedoso pelo negro, ondulante en la mañana de marzo, en su figura cada vez más lejana, y en lo gracioso de su atuendo. Aunque reticente aquel desconocido apartó la vista de ella, y cuando la bajo con una suave negativa, vio una hoja amarillenta, maltratada por los años y quemada por un lado. Se agachó lentamente a recogerla, y cuando lo tocó, una imagen infestó su mente, sus recuerdos… Rápidamente miró hacía donde aquella chica se dirigía pero ya había desaparecido de su vista, y el viento ya soplaba hacia otro lado. Mientras guardaba la nota en su chaqueta, y se encaminaba hacia donde en un principio iba, pensó, La he encontrado.

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