Caminó lentamente hacía su casa, pues a pesar de haber tomado la decisión de hablar con su padre, una parte de ella deseaba dar media vuelta y correr. Incluso prefería estar en clase de Matemáticas. Llegó justo hasta la puerta de su casa, y se paró. Respiró profundas y lentas bocanadas de aire hasta tranquilizarse, y entonces, una vez más tranquila, alargó lentamente la mano para abrir la puerta. Pero antes siquiera de meter la llave en la cerradura, la puerta se abrió y su padre apareció. Cuando habló, su voz denotaba sorpresa.
-Hola. ¿Cómo es que estas aquí?
-Hola. ¿Podemos hablar?
Tras mirarse unos segundos, ambos expectantes, él asintió y pasaron al salón donde se sentaron cada uno en un sillón. Ninguno sabía por dónde empezar. Nadie sabía qué decir, qué comentar. Así que salió el tema más fácil. Del que ella sabía que no se libraría.
-¿Cómo es que no estás en el instituto?
-No podía ir. He estado pensando… y no quiero estar así. Quiero decir, que… ¡No sé lo quiero decir! Me siento traicionada y engañada. Y no puedo creer que no me lo dijeras. ¿Cómo pudiste? ¿Por qué lo hiciste? Es que no lo entiendo. Y si no… ¡no habérmelo dicho! ¿Y cómo sabes que mi cumpleaños es el que me habéis dicho? Podría ser otro. Y mi nombre igual- según hablaba su tono subía y sus ojos miraban hacia ninguna parte. Y de repente, su voz era normal acompasada y las palabras y pensamientos lógicos y ordenados.- Lo siento. Pero es que ahora mismo todo me parece surrealista. Solo quería decirte que no entiendo nada aun, que me parece vivir una pesadilla… pero no quiero estar mal contigo, porque supongo que en el fondo… yo hubiera hecho lo mismo.
Y tras esto se levanto, abrazo a su padre durante largo rato, y finalmente se fue al instituto, a soportar la charla de los profesores.
Al acabar el instituto Sophie y Mark ya la estaban esperando a la salida de clase. Genial, pensó. Por nada del mundo quería que la preguntaran una y otra vez como estaba, ni hablar del tema. Ni que la dijeran eso de “somos tus amigo, confía en nosotros…”. Confiaba en ellos, simplemente no quería hablar del tema. Con una sonrisa postiza se dirigió hacia ellos.
-Hola chicos, ¿qué tal?- su tono fue jovial, y ambos muchachos intercambiaron una mirada- ¿Qué?
-Mark me lo a contado.
-Pues los datos de Mark son atrasados. Estoy bien. Hablé con Jonh y… bueno, no voy a deciros que todo esté bien o que vaya a dar saltos de alegría, pero, poco a poco- pero su voz había ido bajando según hablaba.
-Anda, vamos a mi casa.
Con la decisión tomada, tomaron rumbo a la casa de Mark, la cual parecía últimamente el punto de reunión. Pasaron la tarde viendo una película, charlaron sobre todo y sobre nada. Pero llegó un momento un momento en el que Daphne no soportaba más y propuso ir a algún lado, cualquiera sitio. Y acabaron de nuevo en la heladería. Decidieron que tenían que estudiar algo, aun quedaban tres días por delante, así que cada uno tomó rumbo a su casa… pero antes de llegar, Daphne se desvió hacía el camino de la montaña. Vivía en una pequeña ciudad. La cual tenía bastante bosque. Y eso le encantaba. Como ya os he contado lo de dar largos paseos y leer en aquel pequeño claro era uno de sus mejores planes. Pero aquel día decidió investigar. Su vida había dado un giro de ciento ochenta grados… ¿Por qué no darlo su rutina también? Con la decisión tomada, decidió girar a la izquierda donde siempre giraba a la derecha. Y en el siguiente cruce, donde en el otro camino giraría a la izquierda, giro a la derecha. Y en el equivalente donde seguiría todo recto, tomo un zigzagueante camino a l derecha de nuevo. Y donde en el otro camino ya estaría leyendo, ella siguió andando. Pisando hierba, apartando ramas, girando, siguiendo el camino. Pero nunca retrocediendo… hasta que oyó el agua de un rio. Quitó su música para oír mejor, y siguió el camino que sus sentidos le indicaban hasta llegar a una llenura. Se quedo paralizada ante su hermosura. El rio que la había conducido hasta allí formaba un lago, que era alimentado de agua por una cascada. El pequeño claro estaba cerrado por rocas. Las mismas rocas tapadas por la cascada. Todo el suelo era una sedosa alfombra de fresca hierba. En un lado había rocas que sobresalían, donde ella se podía imaginar una bella sirena mesando sus cabellos mientras contemplaba su reflejo. Aquel sitio le transportaba a un nuevo mundo. Casi podía oír el relincho de un blanco unicornio que aparecería desde la espesura del busque. El rugido del dragón que dejaría aquel sitio surcado por una gran sombra al sobrevolar aquel mágico descubrimiento. Al lobo aullando a la luna, desde lo alto de aquellas rocas, mientras los duendes poco a poco saldrían a ver quién era aquella muchacha que había osado entrar en sus dominios. Casi percibía el aroma del muchacho que entraría en el claro, andando tranquilo, huyendo de la civilización, de las persecuciones por ser diferente, por ser lo que ella deseaba. Un ser mágico, un hijo de la noche, un vampiro. Desearía no ser percibida, para poder observar la belleza de los movimientos del muchacho mientras su rostro era bañado por la luz de la luna. Todo sueños. Pero sus sueños. Se hacía tarde y la luz se perdía. Decidió volver a casa, por el nuevo camino, un camino que recorrería mucho. Un camino que desearía haber encontrado hace tiempo.
me encanta la historia,Laura
ResponderEliminara ver si escribes mas que ne está bien tener a los lectores esperando=)
Soy Julia la de navacerrada(aunque haya firmado de anonimo)
grax!!
ResponderEliminarla verdad... e de decir q me e qedado un poko bloqeada... pero espero q se me vaya pronto xD me encanta q te guste
esta muy bien, espero que contibue...
ResponderEliminarwola...
ResponderEliminarme encontre thu blog de cazualidad...jeje
me wuzta muxo thu hiztoria ii ezpero siwaz escribiendo......
att:
ʌαℓɛ cʋℓℓɛи нαℓɛ
chupt, dat prisa q qiero zeguir leynd... Pr zi no lo zabez zoy plumero o plumerilla( la ll hay que decirla como la de lengua).Y eztoy ezribnd n z porq zí.JUM.je je je
ResponderEliminarEstan genial...!!! cuando empezarás con el capítulo 8??!!! que ganas tengo ya de leerlo... que tensión!!! :)
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