martes, 23 de marzo de 2010

Capitulo 8

Al final, no habló de nada con John. Se disculpó por cómo le había contestado y se fue a dormir. En cuanto se metió bajo el edredón, entre sus mullidos almohadones, se abrazó a su peluche y así se durmió de nuevo esperando que todo fuera un sueño. Pero como siempre, no lo era. Sin embargo, aquel día llegarían las respuestas a sus preguntas, al menos a muchas de ellas. No sabía cómo aguantaría el instituto. Necesitaba ver a Ian ya. La verdad es que le daba un poco de vergüenza que le hubiera visto llorar, sobretodo porque aparentemente no tenía motivos. Pero eso daba igual. Se levantó, se vistió y desayunó. La verdad es que desayunó mucho más de lo normal. Aunque claro, la noche anterior no había cenado. Cuando llegó al instituto, estuvo evitando un "poco" a sus amigos, hasta que en el recreo no tuvo más remedio que verlos, e intentó hacer como si nada.
-Daph, vas a contarnos ahora mismo que pasó en fiesta. Al menos a mi-sentenció Sophie en cuanto la vio.
-Oh, como no. Qué más dará Mark.
-Mmm, no pasó nada en especial. Simplemente quise irme, y no os encontraba, así que me fui- era técnicamente cierto.
-Ya claro, y yo voy y me lo creo.
¿Qué hacer?¡Dios! Sería más fácil la maldita pregunta de "Ser o no ser, esa es la cuestión". Estoy divagando. -.-´
-Mmm... Haber. ¿Queréis saber la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?-espero a que ambos asintieran, y soltó de carrerilla...-Me lié, un poco, y solo un poco con un tal Sam, del cual no se nada excepto que besa muy bien.
Ante la mirada atónita de sus amigos preguntó con una exclamación incomoda.
-¿Qué?
-¿Qué hiciste qué?
Quizá hubiera sido más sencillo la parte del hermano.
-Si... después conocí a mi hermano -¡mierda!! ¿De verdad se le había escapado ese último detalle?
-¿Conocer a quién? -preguntó Sophie al mismo tiempo que Mark preguntaba- ¿Tu QUÉ?
O quizá debería haber seguido con lo de saltarse todo lo que pasó aquella noche y acababa antes y sin ese dolor de oídos por los gritos de sus amigos.
-Sí, ¿qué? Tengo un hermano- ante la mirada atónita de sus amigos volvió a murmurar para ella misma-tengo un hermano.
Aun no se lo creía.




Otro día más de instituto y todo igual. Por fin tocó la campana y todos salieron corriendo. Daph no creía que hubiera aguantado un solo segundo más. No sabía cuando volvería a ver a Ian. Vale, le había dicho que aquel día, pero un día es muy largo, y más cuando se espera algo y no hay nada que te distraiga. Así que cuando vio a Ian apoyado en un flamante Porche negro, tan guapo como un oscuro príncipe, con su cazadora de cuero y sus negras gafas de sol, casi no cabía en si de alegría y pensó que se desmayaría de puro alivio. Claro que a su alrededor parecía que todas las chicas se desmayarían, claro está por otros motivos distintos. Se ha quedado con todos los genes buenos, pensó. Se acercó a él prácticamente arrastrando a Sophie, quien seguía embobada mirándole. Cuando llegó a su lado tuvo el impulso de abrazarlo y darle un beso en la mejilla. Eran el centro de atención, lo que normalmente hubiera puesto nerviosa a Daph, pero tal era su alivio por ver allí a su hermano que no se dio cuenta. Al separarse pensó que quizá había sido un poco bastante efusiva.
-Perdón- dijo tímida ahora.
-Tranquila, me as ahorrado la iniciativa-bromeó con una gran sonrisa.
Cuando el silencio se instauro, se percato de que Sophie seguía atontada mirándole, y él no pudo aguantar una pequeña carcajada. Lo que arranco un suspiro a las que le seguían contemplando.
-¡Oh! Eh...Ian esta es Sophie, Sophie, este es Ian-se estrecharon la mano- mi...Hermano.
Eso la saco totalmente del aturdimiento. Sus ojos se agrandaron y su expresión denotaba una gran perplejidad.
-¿Ian?¿El tío bueno?-bien, cuando eso abandonó sus labios, sucedieran dos cosas. Una, la ceja de Ian salió disparada para arriba formando una delicada curva; dos, ambas chicas enrojecieron- ¿He dicho eso en voz alta?
-Sí Ian, mi hermano, al que tú llamabas tío bueno-puso especial énfasis en hermano y tú.
Después llegó Mark con cara de no entender para nada la situación.
-Eh... hola.
-Hola-dijo Daph-este es Ian, mi hermano.
-Encan...¿perdón?
-Si os lo dije antes-se quejó Daphne.
-Si bueno, demasiado que asimilar, todavía estoy un poco perdido con lo del Sam ese-con su mención, Daph ocultó un poco la cara e Ian emitió una especie de gruñido gutural.
-Ese hijo de...
-Eh!-cortó Daph- acabamos de conocernos, no vayas de macho protector.
-Soy tu hermano.
-Exactamente, mi hermano, ya. No vayas por la vida en plan "nádíe besa a mi hermana". Eso lo decido yo. Y porque me bese con un tío no tiene porque ser un cabrón.
-Un tío pero...Tienes quince años.
-Casi dieciséis, y me besaré con quien quiera.
Ian lanzó una mirada cargada de sarcasmo.
-Mientras solo sea un beso...
Daphne enrojeció. En parte de rabia, en parte de vergüenza.
-¿Qué insinúas?
-¿Insinuar? Nada. Pero lo del otro día tenía de inocente lo que yo de cura.
Ante la atónita y perdida mirada de sus amigos Daph enrojeció aun más, afortunadamente solo las mejillas, aunque la verdad, parecía que se le había caído la polvera en la cara. Sus amigos observaban la discusión como si de un partido de tenis se tratase, solo faltaba ver quien ganaría el punto.
-Lo que quiere decir que tú eres aun menos inocente.
-No lo niegas-replicó él.
-Tú tampoco-le miró desafiante-aunque da igual, porque no pasó nada.
-Porque os separamos.
-¿Os?-preguntó Mark.
-¿Separarles?-Preguntó simultáneamente Sophie.
-Sí, aquí el metomentodo y su amiguito el acosador nos separaron.
-¿Por qué no dejamos de discutir?-propuso Ian- Hay mucho que explicar y tú tienes mucho que entender.
Ambos se miraron retándose a seguir discutiendo, ninguno apartó la vista, y apesar de que Daphne quería replicar, decidió que necesitaba entender algo de su ahora caótica vida.
-Claro, ¿venís?
-Daph-cortó toda posible contestación Ian- a solas.
-Pero...
-Daphne, es normal. Luego hablamos-le dio un beso- Te quiero.
-Ciau.
-Ciau.
Observó cómo se marchaban en silencio. La multitud de admiradoras se había ido dispersando, ya quedaba poca gente en el aparcamiento. Algunos rezagados admiraban aun el coche de Ian, al fin y al cabo no dejaba de ser un Porche y ese pueblo, era un pueblo en el que, por decirlo de alguna manera, ese nivel no se alcanzaba. Solo era un pueblo, una pequeña ciudad rodeada de campo, con sus centros comerciales, sus restaurantes, su ocio… pero sin Porches. Cuando perdió de vista a sus amigos se giró, y se quedó observando a su hermano. Parecía algo mayor que ella, era más alto. Sus ojos verdes y a pesar de ser su hermano, admitía que era muy guapo, increíblemente apuesto, y tenían el mismo pelo azabache. Apoyado en el coche, relajado pero a la vez listo para atacar le recordó a la descripción del chico de uno de tantos de sus libros, con la excepción de que en sus libros no sería su hermano… más bien su fututo amor.
Echemos un poco de claridad al asunto, pensó.
Ian pasó por su lado y le abrió la puerta del copiloto. Después de acomodarse y ponerse el cinturón, Ian ya estaba en su asiento.
-Y ahora, ¿qué?
Entonces arrancó.




Salieron del coche. La había llevado a lo alto del monte. Desde allí se veía toda la ciudad de fondo, después de la capad árboles que era el bosque. Habían aparcado en el pequeño parking del mirador. Había una baranda de madera formada por dos finos y pulidos troncos de madera. Ian se sentó en el primero y apoyaba de forma casual los brazos en la segunda. No habló inmediatamente después de que Daph tomara asiento en una torpe entitativa de él. Simplemente se quedó callado, contemplando algo sin ver nada. Y ella no le presionó. Le llevó la vida en ello, pero pensó que para él debía de ser duro también. No obstante cuando por fin habló, pensó que una décima de segundo más y hubiera gritado, pataleado, clamado por una explicación.
-Lo que te voy a decir, es muy difícil de entender. Sé que no me creas, no se lo puedes contar a nadie bajo ningún concepto. Nunca. Jamás. Me gustaría contártelo poco a poco y darte tiempo para entender, pero tengo que contarte toda la historia. Jura que no dirás nada.
- ¿Por qué?
-Primero júralo. Confía en mí, lo entenderás todo.
-Apenas te conozco- esto fue recibido con una mueca un tanto desesperada- pero tú dices conocerme, y al parecer sabes más de mi y mi vida que yo. Si puedes creer en mi juramento, cree en que sepa hacer lo correcto cuando sepa mi historia.
Una fugaz y amarga sonrisa surcó su rostro, acompañada de lo que bien podría ser una amarga y efímera risa o un resoplido.
-Tienes la misma labia que nuestro padre.
-¿Tenemos padre?-preguntó sorprendida.
-Sí, claro-contestó él a la vez mas perplejo- hace falta una madre y un padre para…
-Ya se eso, no creo en la cigüeña, -cortó exasperada- quiero decir… sigue…¿vivo?
-¿Pensabas que había fallecido?
-¡Claro que lo pensaba! ¿También tengo una madre?- preguntó gritando. Él no contestó, pero su mirada le dejo claro lo que las palabras no. Tenía una madre… y un padre… y un incompetente hermano que no entendía nada. Que no entendía el dichoso hecho de que le doliera el que hubiera venido él, y sus padres. El dolor de darse cuenta de que la habían abandonado y ni siquiera luchaban por volver a verla. Claro que al parecer a él no le habían abandonado. Con los ojos anegados de lágrimas acusó.
-Me abandonaron-al parecer con esa declaración, Ian lo entendió, entendió el motivo que inundaba sus pupilas-me abandonaron y ahora en vez de estar ellos aquí, estas tú.
-Daphne, por favor, déjame explicártelo.
-¡Explicar qué!-gritó. ¿Qué coño hay que explicar? Me abandonaron. Gritaba para ella misma en su cabeza.
Ian la abrazó y ella lloró con sus fuertes brazos rodeándola y la cara enterrada en su pecho. Sus padres la habían abandonado, solo eso sonaba en su cabeza, resonaba una y otra vez como un mantra imposible de acallar. No entendía porque le dolía tanto, al fin y al cabo eran unos desconocidos, pero le dolía, en lo más profundo de su ser, sentía un cuchillo clavándose una y otra vez en su sangrante corazón.
-No te abandonaron, pequeña, jamás harían eso, ellos te amaban, te quieren con todo su corazón. No, no te abandonaron Daph, te perdieron… el día que te secuestraron.
El mantra cesó junto con las lágrimas, salió del muro que formaban sus brazos y le encaró.
-¿Qué?
-¿Dejaras ahora que te cuente toda la historia?
La respuesta tardó.
-Primero dime porque tú y no ellos.
Le acarició la mejilla y empezó con la historia.


-En un principio nuestra familia vivía en Grecia, hace mucho tiempo, allá por cuando aun vivían los sabios de la antigüedad. Con el tiempo en la edad media, vivimos por escocía y luchamos grandes batallas. Nunca fuimos fáciles ni dóciles, allá donde había algo por lo que luchar, algo que de verdad fuera justo o un avance para el hombre, allá íbamos. Estuvimos en Italia en la época del renacimiento, y al cabo de un tiempo, nos fuimos a España. Estuvimos por todo el país, pero lo que más nos gustó fue el norte. Sobre todo la parte de Asturias y Galicia. Campo y mar juntos, océano y bosque. Si algo tiene el hombre es que suele tomar tanto del medio que lo deja pobre. Y eso es algo que no soportamos. Nos gusta los verdaderos paisajes, la vegetación exuberante. Así que allí se aposentó nuestra acaudalada familia.


-Nada de eso contesta mi pregunta-protestó Daph, pero Ian no la escuchó.


-Con la revolución francesa nuestra abuela temió que el caos se extendiera hasta España. Hay una cosa que la gente no piensa y eso ¿por qué la guillotina? Porque es una forma de matar, de la que nadie vuelve. Supongo que pensaras, que tontería, nadie vuelve de la muerte, sea de la guillotina, o un ahorcamiento, la muerte es el fin. Pero te equivocas, de hecho la muerte, a veces representa el comienzo.
“Así que nuestra abuela, impulsada por el miedo decidió viajar a América. Se pasó recorriendo el continente largo tiempo, además sola. Sus padres no habían querido acompañarla, no porque fueran mayores, simplemente estaban seguros de que no les pasarían nada. Bien dice la gente que el diablo más sabe por viejo que por diablo, y ellos… en fin son ellos. Hay quien les atribuiría ambas condiciones. Pero ese no es el caso.
-Ian, no entiendo nada.


-Y en el nuevo continente Marta Filnet, nuestra querida abuela, conoció a Jaison Satt después de años buscando el hogar, lo encontró en Oregón. Con aquel bruto ricachón, que al final acabó teniendo un gran corazón. A pesar de lo que en un principio pensaban tenían más en común de lo que hubieran imaginado jamás. Después de casarse ella tomo su apellido, pero a los dos únicos hijos que sobrevivieron no los pusieron Scatt. Bueno, al menos no a los dos. El primero fue nuestro tío Kevin, Kevin Scatt. Luego va nuestra madre, Eballenlin Filnet. Siempre que se presentan por sus nombres han de aclarar que son hermanos, aunque para algunos ya es conocido aquel jaleo que hubo con los apellidos. Nunca entenderá porque simplemente no los unen, pero esa idea a la abuela la horroriza.
“Kevin aun sigue soltero. Le va el rollo de solitario mujeriego. Y, sinceramente, creo que solo se permite ser cariñoso con nuestra madre, su adorable hermana pequeña, y conmigo.
"Nuestra madre por el contrario se caso con Ian Hudson. Me pusieron el nombre por él. Cuando tu naciste quisieron ponerte el nombre de mamá. Recuerdo que con ocho años le dije algo así como que no pretendiesen hacer en nosotros sus copias, y aunque en un principio el comentario fue recibido con sus melodiosas risas, me hicieron caso, y solo tomaron su apellido. Filnet… Elisabeth Filnet.


-¿Elisabeth? No…no entiendo nada. Tú hablas de nuestra abuela, pero la revolución francesa fue en el siglo XVIII. Además, no es posible que nos llevemos 8 años, casi tengo dieciséis y tú no aparentas más de dieciocho. Y explícame de una vez porque no están ellos aquí.
-Elisabeth…
-Me llamo Daphne-cortó.
-Daphne. No sé cómo decir todo lo que tengo que decir. Ellos no están aquí porque… porque llevan buscándote mucho tiempo sin conseguir nada, y a cada año mamá empeoraba. Así que papá me dio toda la investigación y me pidió que te llevase a casa.
-¿Y si no quiero ir?
-¿No quieres conocer a tus padres?
-No se… lo que sí sé, es que no quiero abandonar a mi familia.
-Jamás te pediríamos eso, pero tengo que contarte toda la historia. Hay mucho que necesitas saber, hay muchas cosas que desconoces. Sé que me tomaras por loco, pero todo lo puedo demostrar.
-¿Pues a qué esperas?
No contestó. Se quedó contemplo el horizonte con la mirada perdida como ordenando sus pensamientos, la continuación de la historia. La miro durante unos segundos.
-Te pareces mucho a mamá-después volvió la vista al bosque y prosiguió- En nuestra familia, como en otras tantas, se esconde un secreto. Es un secreto oscuro, que jamás podrá salir a la luz y debemos proteger con la vida. No somos los únicos con secretos y los hay con el mismo secreto, los hay similares.
“Cuando he hablado de nuestra abuela he hablado de la revolución francesa cierto. Marta por esa época ya vivía y aun vive-miro de reojo a Daph para ver su reacción, y al no ver ninguno más que el constante fruncimiento de ceño, continuo- Como ya he dicho antes, la decapitación se puso de moda por más de un motivo. Uno de ellos, que el Vampyr no se levante. La guillotina nos mata absolutamente a todos, siempre que se consiga separar la cabeza correctamente. No me interrumpas ahora.
“Te abras fijado en que digo “nosotros” o “los nuestros”. Somos una especie. Los hijos de la noche. Vampiros.


Daphne no se lo podía creer. Ser un vampiro era su sueño, pero no era más que eso, ¡un sueño! Una ilusión, solo imaginaciones…
Estaba loco, seguramente no fuera ni su hermano. Al fin y al cabo no le había dado ninguna prueba. Ella le había creído por una extraña corazonada que le decía que era verdad. De repente pensó que no había sido muy buena idea el venir a un lugar tan aislado. Si gritaba no la oirían y además nadie sabía dónde estaba. Lenta, muy lentamente se alejo un poco de él. Y luego pensó ¿De qué me van a servir unos escasos centímetros a lo sumo? Él tiene las llaves del coche y seguramente sea mucho más fuerte que yo. En su pecho crecía una especie de angustia mientras buscaba todas las vías de escape. Cuando Ian habló, se sobresalto de tal forma que pegó un bote y cayó al suelo.
-Eliza…Daphne, de verdad, no te asustes. Es verdad, te lo puedo demostrar, pero no te asustes. No me tomes por un pirado por favor-sus ojos suplicaban, y por algún extraño motivo Daph se tranquilizó un poco. Pero no había perdido el sentido común del todo.
-Dame las llaves del coche-ordeno con voz trémula.
-¿Qué?
-Las llaves del coche. ¡Ya!-le entrego las llaves… ya un poco más tranquila preguntó- ¿Cómo pretendes demostrar que todo lo que has dicho es verdad?
-Pues obviamente ahora no lo puedo demostrar todo-Daph le dirigió una escéptica mirada- puedo demostrarlo. Pero ahora solo puedo demostrar la parte en la que soy un vampiro. ¿Te valdrá con eso? ¿Y se puede saber qué diablos piensas hacer con las llaves del coche si no tienes carne?
-Que no tenga carne no significa que no sepa conducir-le espetó como si fuera lo más lógico del mundo- Pero no te desvíes, ¿cómo piensas demostrarlo?
-No permitiré que nadie se ponga al volante de mi coche sin que le hayan dado el carne.
-Me da igual eso. O me lo demuestras ya, bien lejos de mi cuello, o vas a ver cómo me pongo al volante de esa preciosidad.
-No me amenaces.
-Pues querido hermano, demuéstramelo ya.
Ambos tonos eran amenazadores, si era verdad que él era un vampiro, ella debería estar asustada, podríaacabar con su mida antes de que se diera cuenta siquiera. Claro, que supuestamente ella también lo era. No bebía sangre… mil pensamientos como eso surcaban la mente de Daphne.
-Bien, cómo demostrartelo. Nuestra raza.
-¿Raza?-cortó Daph sorprendida.
-¿Me cortaras a cada paso que dé? Si, raza. Te lo dije somos una especie. Y esa especie tiene razas. También tenemos una jerarquía, y dentro de cada raza, la jerarquía varía. También hay razas… por decirlo de alguna manera, superiores a otras. Más fuertes, más agiles, más veloces, más territoriales. La nuestra no se encuentra precisamente abajo. ¿Quieres nombre o los dejamos para otro memento?
La respuesta tardo en llegar. Daphne parecía no digerir muy bien toda esta información.
-Abreviado. Y dame pruebas, no solo palabras.


-Sí, señor. Veamos… son razas. Pero no se diferencian como en los humanos. No nos diferenciamos por rasgos físicos como el pelo, tono de piel, forma de ojos, rasgos. Sino por características como… Que nos mata-aquellas palabras en su boca, resonaron con demasiada normalidad- Nos diferenciamos por las condiciones en las que vivimos. Las condiciones de las que vivimos. Sí, todos los vampiros nos alimentemos de sangre. Pero algunos de la de animales, otro de las de persona. Al igual que unos pueden beber de ambas, otros solo pueden beber de una. Otras razas solo se nutren con la de la misma especie, al menos solo se nutren en condiciones. Existe la opción de que en algunas razas se alimenten de otras razas vampíricas. Ya te dije que era muy largo. Si quiere la versión abreviada solo te explicaré sobre la nuestra hoy, únicamente la nuestra. Pero antes de eso, además de vampiros, hay otras especies sobrenaturales.
Tras esto paró. Debía dar tiempo a Daph para que lo entendiera. Al menos para que lo procesara. Era algo complejo y complicado. Algo que la mente se empeñaba en escupir de la mente una y otra vez. Y si no tienes la información ¿qué vas a procesar? Al cabo de un tiempo Daph lo asimiló. Por lo menos, un poco.
-Bien… otras especies, otras razas-suspiro- primero dame alguna prueba de... bueno, de nuestra raza, y después me explicas sobre ella. Si es que de verdad tienes alguna prueba.
-Claro que tengo. Soy una prueba andante.
-Yo te veo bastante normal-replico.
Ian le lanzó una mirada altiva. Le tendió una mano, pues aun seguía en el suelo, no se había movido de la postura en la que calló. Aferraba las llaves en unamano, lista para salir corriendo.
-Haber. Como imaginaras, no nos desintegramos al sol, los colmillos nos crecen al comer, en seguida te lo muestro- ante la horrorizada mirada de Daph al imaginarse a Ian hundiendo los caninos en algún ser vivo, el susodicho añadió-¡No! No me voy a comer a nadie, me refería que ahora te enseñaba los colmillos alargados.


Se quedo a la espera de la reacción de Daph, que solo fue tragar estrepitosamente y retroceder un poco. Ian suspiró y siguió.
-Los ojos… no nos cambian de color exactamente. Pero si te fijas nunca tenemos ojos muy normales. Mi verde es inusual, tu azul violáceo, es extraordinariamente bello y nada común. Los de Jacob son prácticamente negros.Nos cambian por el estado de ánimo. No cambian… se oscurecen, o aclarar, digamos que cambian de matiz. Eso no te lo puedo demostrar, pero como veo que ya me los vas a pedir te mostraré los colmillos.


Y era cierto, Daph ya abría la boca para pedir que le diera pruebas. Entonces, Ian abría la boca le enseña los colmillos. Aparentemente normales, comunes. No más largos que ningún otro que hubiera visto, bueno, quizá un poco, pero poco. Lo que si era, era una brillante dentadura blanca, que ante su asombrada cara, empezó a cambiar, poco a poco los colmillos se fueron afilando y alargando, la encías parecían contraerse, pero eso no era en algo en lo que Daph se fijara mucho se estaba quedando asombrada. No solamente le estaban creciendo esos, los de al lado aumentaron también, no tanto como los primeros que por lo menos habían ganado medio centímetro si no uno entero, pero si aumentaron algo. Cuando le miró a los ojos, vio que se habían oscurecido. Ya no eran de ese precioso verde. Sino de uno mucho más oscuro. Parecían amenazantes, pero a la vez atrayentes, hipnotizantes .
-Cuando se alargan los colmillos todos nuestros sentidos aumentan, se incrementan. No tengas miedo. Y no lo niegues, los huelo desde aquí-su voz ahora era un poco ronca, gutural.
Daphne no se lo podía creer. Tenía delante de sus ojos un vampiro, un vampiro de carne y hueso. Se acerco a ella, un poco, pero ella no podía echarse atrás aunque quería. Estaba paralizada. Ahora entendía aquello de “ten cuidado con lo que desees, porque puede que se haga realidad”. No, no podía ser. Los vampiros no existían. Era algo de libros. Ficción. Pero hay tenía la prueba. Estaba muy nerviosa. Y él no hacía más que acercase a ella. Respira, ser recordó a sí misma.
-No me muerdas- susurró con un hilo de voz, y entonces cayó inerte entres sus brazos.

2 comentarios:

  1. Julia la de navacerrada24 de marzo de 2010 a las 21:39

    Cada vez más interesante...
    Vas a conseguir que me guste una historia de vampiros.
    ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Escribe más!!!!!!!!!!

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  2. Jajajaj grax quiza asta t aficionas a los vampiros ;[
    ahora que vienen las vacaciones escribire mas rapido. De todas formas ya estoy escribiendo el siguiente cap.
    bss

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